Angau Noticias

Martes
07 de Febrero
Tamaño Texto
  • Aumentar fuente
  • Tamaño original
  • Reducir fuente
Inicio >> Economía >> El Titanic chaqueño: buscan los restos de "El cazador de tigres", célebre camión atmosférico que estaría en el fondo de la Laguna Argüello

El Titanic chaqueño: buscan los restos de "El cazador de tigres", célebre camión atmosférico que estaría en el fondo de la Laguna Argüello

E-mail Imprimir PDF

Quien tenga más de 40 años y haya vivido siquiera la primera mitad de su vida en Resistencia, seguro que alguna vez lo vio. Yo me lo empecé a cruzar cuando ya vivía su etapa final, pero dicen los que lo vieron en los comienzos de su carrera, que era lujoso e imponente, un admirable dispositivo  intimidante que atravesaba la ciudad siempre tras una misión justiciera y liberadora. Hablo, claro, de "El Cazador de Tigres", el camión atmosférico más famoso de la historia del norte argentino.

 



Y no es que El Cazador haya prestado servicios en todas las provincias de la región. No, lo suyo era sólo en Resistencia, y a lo sumo en Barranqueras, Vilelas y Fontana, pero me juego el alma a que en ningún otro lado tuvieron un camión desagotador tan emblemático y tan referencial, ni mucho menos tan querido y respetado por su pueblo. Luchador de mil batallas, la leyenda construida tras su desaparición afirma que yace en el fondo de la Laguna Argüello, convertido en un verdadero Titanic del Chaco.


Retroceder nunca, rendirse jamás


El Cazador llamó la atención desde el primer día. La leyenda con su nombre completo en la parte trasera del tanque atmosférico inducía a la sonrisa, pero también al respeto, que se transformaba en admiración y agradecimiento eterno cuando el camión hacía lo suyo en la casa de uno. Todavía hoy los vecinos lo recuerdan como a un héroe popular que dejó recuerdos repartidos por las calles.

"A mí literalmente me salvó la vida", dice Máximo Benecutti, un italiano de 82 años que vive en Villa Los Lirios desde 1946. "En el '77 se nos llenó el pozo de un modo que nos estaba matando la baranda que se levantaba, y nos quemamos toda la guita en tres desagotes que en pocos días eran como si no hubieran existido. Los vecinos nos querían echar del barrio, los chicos nos presionaban a mi mujer y a mí para que resolviéramos el asunto. No sabíamos ya qué hacer, hasta que apareció él", rememora.

Máximo iba caminando por la avenida 9 de Julio, por entonces de tierra, cuando el camión estacionó unos metros delante. "El chofer bajó a comprar un vino en un kiosco, y yo vi por primera vez lo que estaba escrito atrás: 'El Cazador de Tigres'. Es lo que yo necesito, pensé. Le hablé al hombre, le expliqué que ya no podíamos vivir con el infierno que pasábamos. Me dijo que me quedara tranquilo, que él iba a ver qué se podía hacer".

Nadie recuerda el nombre del operador del Cazador, e incluso difieren las descripciones de su aspecto. Algunos hablan de un hombre pelado y regordete, de unos 50 años, otros de un anciano delgado y fibroso, y también se dice que era un sujeto macizo, de estatura mediana y unos 35 años. Quizás haya sido todos, en distintas épocas, o ninguno.

Máximo se entusiasma en su relato. "Este señor llegó a mi casa, bajó, entró al jardín, y ya con el olor nomás nos dijo: '¿Acá se come mucho queso, no?' Después se giró para hablar con un chico que lo ayudaba, y le dijo: 'Bajá la manguera para los tipo de Bengala' Lucharon desde las cinco de la tarde hasta las dos de la madrugada. El tigrerío se resistía ferozmente, pero por fin terminó la pesadilla. Nunca más tuvimos el problema, aunque él nos recomendó comer más verduras".

 

Robin Hood del desagote


Como en las viejas series televisivas sobre detectives, dicen que El Cazador no tomaba cualquier caso. "Por ejemplo, desagotes en casas de gente garca no agarraba nunca. Y si no conocía la casa y al llegar veía que era gente de guita, golpeaba las manos, esperaba que lo atiendan, les decía que ni por puta les iba a hacer el servicio, y se iba", asegura Toribio Pericoloso, historiador de Villa Puppo que rastreó algunos datos sobre la formidable máquina. "Y otras veces -agrega-, hacía el trabajo para el garca, pero lo revacunaba como si en lugar de vaciarle el pozo negro le hubiera construido una torre, y con eso compraba vino Cavic para los pobres".

Del Titanic se decía: "Ni Dios puede hundirlo". Del Cazador: "Ni el pozo negro del Diablo lo vence". Toribio dice haber cosechado innumerables relatos populares sobre el heroísmo de aquel desagotador. "A veces, cuando ya parecía que el camión no podía ganar la batalla, él la desequilibraba, a machete, espada y alambre", comenta. "Era un idealista -agrega-, en cada Año Nuevo, con su familia siempre brindaba diciendo que soñaba con un mundo en el que el ser humano ya dejara de cagar".

Romero (el apellido más mencionado a la hora de identificar al capitán del Cazador), incluso, medía las etapas de la vida nacional según la suerte de su trabajo. "Soretes como los de la época de Perón nunca más hubo, salvo en la de Menem, pero ahí estaban como miembros del gabinete", solía decir, ya retirado y perdido en los relatos sobre el peor día de su vida, que fue, claro, el del hundimiento.

Sobre aquella jornada, las referencias vuelven a ser confusas. Pericoloso dice que pasó en 1983, en medio de las terribles inundaciones padecidas por el Gran Resistencia. "A Romero lo llamaban de todos lados, y él no daba abasto. La gente, desesperada, hasta le decía que no hacía falta que fuera a domicilio, que si era necesario le llevaban el pozo negro a su casa".

El capitán, siempre entregado a su vital rol social, le quitaba horas al descanso para no fallar. "La creciente del Paraná y del río Negro hizo subir las napas, y los pozos negros ya con dos o tres garcaciones estaban desbordados. Romero iba de una punta a la otra, peleando, alentando a la gente, instando a no dar el brazo a torcer, diciendo que entre todos se podía, que había que aguantar, que un día la ciencia encontraría el modo de que la digestión terminara en puros pedos, sin más expulsiones sólidas. Era un hombre que seguía alimentando la llama de la modernidad", analiza Toribio.

 

El día


En una tarde aquellas, apareció el pedido de Rudecindo Negrete, un paraguayo que habitaba una vivienda de Villa Alta. Romero quedó helado. "No vayas, por lo que más quieras, no vayas", suplicó su mujer. El hombre se liberó de los brazos de ella, y desde el camión le explicó, con la mirada más triste que nunca: "No me pidas que arrugue. Va a ser lo que tenga que ser".

El espanto no era casual. De Negrete, cuya única dieta era en base a chipá mbocá, sopa guaraní y mandioca, se decía que tenía la capacidad de partir al medio cualquier inodoro normal. Por eso, el suyo había sido hecho especialmente en una fundición de la ex calle Tucumán.

Romero llegó a las ocho de la tarde, cansado al cabo de un día de más de 60 furibundos desagotes. Cuando metió la manguera en el pozo, la tigrada hizo honor a su fama. Dice Toribio: "Fueron ocho días y ocho noches de lucha sin cuartel, donde por momentos parecía que El Cazador iba a morder el polvo, y Romero desfallecía de cansancio, hambre y sueño. Pero ganó, a la vista de unos 3.000 vecinos que para entonces se habían juntado a ver la descomunal lid. Negrete, para colmo, le pidió que le fiara el trabajo. Romero, fundido, no tenía ganas ni de discutir, y volvió hacia su casa, tan molido que se durmió al volante, se salió de la calle en un puentecito y El Cazador cayó a la laguna, que estaba muy alta".

El trabajador logró salir a flote, aunque casi se ahoga en un infantil intento por hacer regresar a su camión a la superficie. Lugareños debieron golpearlo y maniatarlo para impedir que acabara ahogado en ese delirante plan. Romero gritaba incoherencias, pedía por su hermano de metal, y ya nunca fue el mismo.

Dicen que sus últimos años los pasó sentado debajo de un árbol de mango que le perfumó el noviembre en que murió. Se fue diciendo cuatro palabras, las mismas que unas décadas antes había pintado sobre un tanque reluciente.

 

 

 

 

 

.


Comentarios (14)Add Comment
Escribir comentario
 
  + chico | + grande
 

busy
Actualizado ( Miércoles, 06 de Julio de 2011 10:08 )  

Zona Lectores

Lo que esperamos

Tardará, tardará.

module by Inspiration

Angaú fuera de joda

El periodismo en la era de la vociferación

Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...

module by Inspiration