"Las apuestas para el 17, el 48 y el 32 te las recibo, pero la del 91 no, porque no sale nunca". En su agencia de quiniela, Artemio Fernández, con tono calmo y amable, le comunica la decisión a Héctor, un plomero que fue marcado como "jugador inmoderado" por el Programa de Juego Responsable que viene instrumentando LoterÃa Chaqueña. Héctor, resignado, entrega los 820 pesos que apuesta a los números permitidos, y se va en silencio.
Su caso es uno de los tantos resultados plausibles que tiene el PJR, que sin embargo recibió injustas crÃticas por parte de quienes consideran que es un acto de necedad que un organismo que vive de la timba y la fomenta abundantemente pretenda vestirse, al mismo tiempo, de médico de los enfermos que genera.
Pero la verdad es que el programa logra historias conmovedoras. "El otro dÃa -cuenta uno de los operadores que trabaja en el servicio- habÃa un señor en el casino que como quemó en la ruleta toda la plata que tenÃa para un trasplante de hÃgado de la esposa, querÃa ir al puente Chaco-Corrientes a matarse y sólo estaba esperando el colectivo para llegar hasta ahÃ. Se lo abordó, se le dio contención y después se le dio la plata para que no fuera en colectivo sino en remÃs".
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Salir del infierno
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Elba es una docente de 54 años. Comenzó a ir algunas tardes a las máquinas tragamonedas "para distraerse" pero en poco tiempo se dio cuenta de que iba todos los dÃas y que cuando no podÃa asistir se ponÃa irritable y angustiada. "Yo me decÃa a mà misma que era sólo una diversión, y que no hacÃa daño a nadie, pero llegó un momento en que al dÃa cinco de cada mes yo ya me habÃa gastado el sueldo en estar horas y horas jugando y perdiendo. La gente del PJR me abordó una noche que me quedé llorando en la vereda. Me consiguieron otro cargo en una escuela de Barranqueras, y ahora llego al dÃa diez. Me cambiaron la vida", cuenta, con los ojos brumosos.
Los ludópatas también participan de reuniones en las que cuentan sus experiencias y comparten testimonios, miedos y consejos. Daniel, repartidor de productos alimenticios, relata que en esos encuentros "uno se da cuenta de que no es el único que tiene el problema, y eso ayuda, porque uno siente que puede abrirse, contar lo que está viviendo. Es duro, mucha gente se quiebra y sentÃs que todos tocamos fondo. Pero después se pone lindo porque armamos unos bingos de novela".
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Luz al final del túnel
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Carlos Djarren es uno de los psicólogos que trabaja en el programa. Él dice que el ludópata "tiene vacÃos que le generan la necesidad de sentir la satisfacción inmediata que da acertar en una apuesta. El problema es que en los juegos de azar todo está calculado como para que haya una satisfacción por cada muchas frustraciones, y ahà es donde empieza a rodar una bola de nieve muy peligrosa".
Cuando se le preguntó en qué consiste, básicamente, la terapia que se aplica en estos casos, Djarren dijo que preferÃa no revelar su metodologÃa "por cuestiones profesionales y operativas". Sin embargo, AN logró el testimonio de algunos de sus pacientes, que a condición de que no se mencionaran sus nombres contaron que el profesional utiliza un sistema por lo menos discutible. "En la primera sesión él te toma los datos, te pregunta un poco sobre tu vida y tu entorno, y después te dice: 'Te juego una luca que no te curás'. Lo malo es que casi siempre gana, por eso le va asÃ", dijeron, señalando a un Audi A3 estacionado frente al consultorio.
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