Los gastos aparentemente superfluos de la empresa provincial SECHEEP (Servicio Eléctrico ChotÃsimo Ea Ea Pepé) siguen siendo una fuente de polémicas. Luego de que la prensa chaqueña revelara erogaciones sorprendentes por almuerzos y cenas, pagados con fondos de la compañÃa estatal, fueron todavÃa más asombrosas las explicaciones brindadas por Marcos Verbeek, integrante del directorio de la empresa, quien dijo que los gastos se hacen "porque a los empresarios no los podemos invitar a comer un sandwich en el escritorio".
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El funcionario, en un comunicado distribuido entre los medios, dijo que pagar con fondos públicos platos tales como lomo a las olivas o un surubà al roquefort, regados con vinos de hasta 140 pesos por botella, es parte de la dura tarea de llevar adelante "innumerables reuniones de trabajo con empresarios de distintas partes de nuestro paÃs", y remarcó que "serÃa lamentable que tuviéramos que llevarlos a comer a un carrito de hamburguesas o invitarlos conr un sandwich en el escritorio".
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Sociedad canÃbal
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Ante las conmovedoras explicaciones de Verbeek, AN concertó una entrevista con él en la que reiteró las justificaciones expuestas con anterioridad y sumó su queja por las condenas de todo tipo que expresaron usuarios de Secheep en diarios, radios, portales de noticias y redes sociales. No obstante, dijo que democráticamente acepta las crÃticas. "Los hombres que creemos en el libre juego de las ideas sabemos que siempre está la posibilidad de que alguna acción de gobierno no sea comprendida cabalmente por la gente de mierda", manifestó.
El diálogo con el vocal de SECHEEP se concretó en Nanas de Cebollas, el pituco restorán en el que se realizan las reuniones de trabajo en pos de un servicio eléctrico premium. Allà fuimos testigos de otro duro capÃtulo laboral por el que desfilaron lomos a la pimienta, conejo con almÃbar de ciruelas, patas de canguro con salsa diecinueve quesos, cazuelas de langostas del Mediterráneo, grillé de axila de rinoceronte universitario y otras exquisiteces que observamos asombrados mientras masticábamos nuestro sandwich de francés y mortadela Lario ("lo siento, responderle a usted no es una reunión de trabajo", nos explicó Verbeek con toda razón).
Mientras destapábamos la Cabalgata lima-limón que un asistente nos compró en el quiosco de la esquina, veÃamos a los demás comensales servirse en las copas un Estiba Reservada '97, de Catena Zapata, de 1.800 pesos la botella, y el delicioso Ultima Hoja 2006, de 1.450. "Tenemos que quedar bien con esta gente -nos dijo Verbeek al oÃdo-, son los que proveen a Secheep de sobres de Uvasal, y estamos negociando una quita del 2% sobre la deuda que tenemos por diciembre y enero".
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El Chaco lo merece
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Entre sonidos masticatorios, choques de utensilios, brindis por el regreso de Del Potro al top ten, eructos mal disimulados y cuentos delicadamente verdes, pudimos continuar el diálogo con Verbeek, quien tras contarnos el chiste de la dinosauria que estaba con la menstruación y no conseguÃa ovejas en ninguna farmacia, nos explicó que por cenas y almuerzos la empresa energética provincial "no debe estar gastando más de 200 o 300 mil pesos por semana, lo cual en el marco del presupuesto total de la compañÃa es absolutamente insignificante".
Un rato después, y sin poder evitar salpicarnos el rostro con trocitos de tiramisú al hablar, dijo que gracias a los agasajos gastronómicos "la empresa es reconocida a nivel paÃs. El año pasado, sin ir más lejos, recibimos una distinción del canal Gourmet".
Cuando se le apuntó que, sin embargo, en las crÃticas de los usuarios de SECHEEP no está sólo la molestia por el uso superfluo del dinero de todos, sino también por el contraste entre esas mesas refinadas y el pésimo servicio recibido durante todo el verano (repleto de cortes en el suministro eléctrico en dÃas y noches de temperaturas infernales y bajones de tensión que hacen mierda electrodomésticos), Verbeek se atragantó un poco, tomó la servilleta para limpiarse con nerviosismo las comisuras de los labios, y no disimuló su enfado. "¿Y la gente piensa que nosotros no sufrimos también los cortes?¿Se cree que usamos la red eléctrica de California nosotros?", interrogó, mientras los empresarios uvasaleros lo escuchaban atacando suavemente unas creppes de dulce de leche flameadas.
"Sin ir más lejos, todavÃa recuerdo como si fuera hoy el dÃa en que pedimos acá unas cerezas al horno con helado de torroncino, y por el corte de luz... el corte de luz... por culpa del cor..." Verbeek deja de hablar. Cierra el puño derecho y se lo lleva a la boca. Desde sus ojos dos lágrimas gotean sobre nuestro grabador. Su secretario se levanta presto de la silla, se nos acerca, nos aparta un metro, y nos pide terminar allà la entrevista. "Aquella vez el helado estuvo todo derretido. Fue horrible... entiendalón", nos dijo en un susurro.
Por ética periodÃstica, agarramos la botella de la Cabalgata, envolvimos en la servilleta tres pancitos saborizados, y nos fuimos.
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