Los sindicatos estatales aprobaron un plan de lucha conjunto e irán desde el lunes próximo a un paro por tiempo indeterminado, enardecidos porque las restricciones financieras de la provincia provocaron el cese de la compra de bizcochos para el personal de la administración pública.
El conflicto se suscitó el miércoles, cuando temprano por la mañana, en todos los pisos de la Casa de Gobierno comenzó a generarse un clima de inocultable inquietud, ya que las tazas de cocido y té humeaban en mesas y escritorios pero los emblemáticos bizcochos brillaban por su ausencia.
Las infusiones terminaron siendo bebidas por los empleados públicos en un ambiente de tensión, ya que como si un sexto sentido lo advirtiera, en todos ellos quedó la impresión de que algo gravÃsimo habÃa sucedido. La última vez que los productos farináceos habÃan faltado en la mañana de los estatales habÃa sido en 1966, cuando se produjeron graves inundaciones en el Chaco y el panadero que llevaba las bolsas murió ahogado en una avenida céntrica.
Si bien el miércoles se acabó sabiendo que los bizcochos faltaban porque el Estado adeuda seis meses de provisión a la panaderÃa que los elabora, el gobierno cometió el infantil error de mentir sobre la causa real de la situación. En la ocasión, el secretaria de Hacienda, Miguel Aquino, recorrió los pisos diciendo al personal que los bizcochos no habÃan llegado porqeu la panaderÃa se habÃa quedado sin herramientas para doblarlos y hacer asà los clásicos "moñitos" que tan felices hacen a los trabajadores públicos.
"Fue un gravÃsimo error, porque cuando luego se supo que en realidad la panaderÃa nos habÃa cortado el chorro por falta de pago, la gente entró en pánico primero, y después se levantó una calentura de la gran siete", reconoció un funcionario del Ministerio de EconomÃa.
Por eso, ese mismo dÃa los estatales bajaron al hall de Casa de Gobierno y realizaron un cacerolazo reclamando la aparición con vida de los bizcochos. El gobernador de todos los chaqueños, Jorge Hilton Capitanich, recibió a una delegación gremial que le reclamó el inmediato restablecimiento del servicio de entrega bizcocheril.
"La verdad es que no es posible en el corto plazo. La deuda es grande y no podemos ahora distraer guita para ese fin, porque la prioridad es pagar los sueldos", explicó el señor gobernador. Los voceros gremiales dieron entonces por fracasada la reunión, e informaron a la multitud que esperaba en la planta baja. La decepción de los empleados fue tan grande que se produjeron incidentes, con roturas de vidrios y enfrentamientos con la policÃa que vigila el acceso a la sede gubermanental. Hubo doce detenidos y más de 30 heridos.
El jueves el cuadro fue peor. Los empleados de todos los pisos y dependencias hicieron sonar sus tazas, golpeándolas contra mesas y puertas, exigiendo la entrega de los bizcochos. La ruidosa manifestación se extendió desde las siete y media de la mañana hasta las nueve, tramo en el cual no se atendió al público en ninguna oficina.
La protesta adquirió ribetes dramáticos pasadas las 11, cuando ocho empleadas del Ministerio de Gobierno entraron en una crisis de nervios por haber tenido qeu tomar sus tazas de cocido sin siquiera un pedazo de pan, y tres de ellas subieron hasta la terraza de la Casa de Gobierno, donde amenazaron con arrojarse al vacio. Al mismo tiempo, cinco agentes del área de Mantenimiento se encadenaron en el entrepiso, a pocos metros de la secretarÃa privada del gobernador, y amagaron con prenderse fuego. No lo lograron porque, por falta de pago, tampoco habÃa fósforos en el edificio.
Con el correr de los horas, se iba sabiendo que se habÃan acumulado distintos hechos de violencia a raÃz de la veda bizcochÃstica. Al ministro Omar Judis, por ejemplo, un grupo de empleados lo habÃa mantenido encerrado en su despacho y atado a una silla, exigiéndole que autorizara a la directora de Administración a utilizar fondos reservados para el Acueducto del Norte para comprar bizcochitos con queso en una panaderÃa de la calle Córdoba. Como Judis se negó, los empleados le cortaron una oreja y se la enviaron a Capitanich, quien de inmediato la puso en venta para mejorar la situación de la caja provincial.
También pasó un mal momento la flamante titular del Ministerio de Desarrollo Social, Beatriz Bogado, a quien dos mujeres del área Minoridad agarraron de los pelos. En el cuarto piso, otro grupo le exigió a José Mongeló que por lo menos adquiriera tortas parilla en puestos callejeros. Ante la negativa del subsecretario, le partieron una silla en la espalda.
Enterado de esos desbordes, Capitanich reabrió el diálogo ayer por la tarde con un autodenominado Movimiento de Estatales Autoconvocados en Defensa de la Bizcochicidad de la Administración Pública, con quienes se puso a negociar una salida al conflicto, ya que para entonces todos los gremios ya habÃan decidido el paro por tiempo indefinido desde el lunes.
Las tratativas seguÃan al cierre de esta edición. El gobernador, por lo que pudo saber AN, ofreció reemplazar los bizcochos por pororó o tutucas, lo que fue terminantemente rechazado por los delegados de los trabajadores. La última información era que se empezaba a barajar la posibiliad de reemplazar los bizcochos por pan francés cortadito en rodajas, untado con manteca, hasta que la situación financiera mejore y permita normalizar los desayunos estatales.








Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...