El líder pacifista Jacinto Amargo Sampayo acudió esta semana a la Municipalidad de Resistencia con un chaleco antibalas bajo su ropa, confesando que lo hacía por temor a ser acuchillado o fusilado en el edficio comunal. De inmediato, miles de chaqueños ganaron las calles para expresar su solidaridad con el líder religioso.
La tensión generada recordó a muchos lo sucedido en la puteatonal de Resistencia el 14 de noviembre de 2008, cuando los equipos técnicos de Sampayo se enfrentaron con vendedores ambulantes que protestaban contra las retenciones a la soja, y sin querer acuchillaron al periodista Fabricio Glibota, al que estuvieron a punto de matar.
En la revuelta también fue apuñalado un constitucionalista que integra la conducción del Sindicato de Trabajadores Municipales, entidad sindical que conduce Sampayo, a quien los medios de Occidente habían bautizado primero como "El Nelson Mandela blanco", para luego optar por el más diferenciador "El Nelson Mandela no tan pobre".
El paralelo entre la vida de los dos referentes pacifistas es asombroso. Mandela estuvo preso muchos años por combatir el régimen racista sudafricano, y tras recuperar la libertad se convirtió en presidente de su país, y aplicó una política de reconciliación que consistió en reunir a verdugos y víctimas en asambleas populares en las que los primeros tuvieron que confesar sus crímenes y pedir perdón.
Sampayo, en el Chaco, no emprendió un proceso similar, pero tiene una hermosa casa en Colonia Benítez. Y se podrían citar miles de coincidencias más.
El STM, por su prédica a favor del amor y la transparencia, sufrió persecuciones de todo tipo. Muchos recuerdan, por ejemplo, cómo a principios de la década se robaron 300.000 dólares del local sindical. No faltaron los suspicaces que lanzaron injustas sospechas sobre la propia jefatura gremial, pero fue, claramente, un audaz operativo de terroristas iraníes.
Esta vez, la cosa se armó porque el STM quería apretar a los concejales peronistas para que voten el presupuesto de Aída Ayala, y ante la amenaza, un dirigente peronista de mucho peso en la capital, de nombre Gustavo, mandó a algunos amigos de la escuela primaria que -según testigos- llevaban en la cintura bultos que podrían haber sido tumores benignos, lunares gigantes, inflamaciones renales o armas. Jacinto Amargo, por eso, llevó a amiguitos propios con bultos similares, que habrían sido chupitas para jugar al carnaval.
"Yo a Jacinto lo rebanco, y verlo con el chaleco fue algo que me chocó profundamente. Hoy todos somos Sampayo", dijo una jubilada que golpeaba una cacerola en la Plaza 25 de Mayo, junto a otros 70.000 vecinos autoconvocados. El dirigente gremial, desde una improvisada tribuna, agradeció el gesto y ofreció planes de ahorro para la compra de vehículos y electrodomésticos.
De paso, JAS desmintió rotudamente estar entongado con Aída Ayala y recibir dinero a cambio de no hacerle paros a la intendente. "Que un rayo lo parta al medio a Armando Benítez si esto es así", desafió, provocando la ovación de la multitud. Luego, se hizo el apuñalamiento simbólico de un muñeco que representaba a Glibota.
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