La señora presidenta de todos los argentinos, Cristina Fernández de Néstor Kirchner, visitará hoy por quinta ocasión la provincia del Chaco, y como en las veces anteriores, de nuevo su llegada reavivó los rumores sobre una ligazón sentimental entre ella y el señor gobernador de todos los chaqueños, Jorge Hilton Capitanich.
Ningún medio se atrevió hasta ahora a plantear el tema. Pero Angaú Noticias decidió meterle para adelante e investigar el asunto. A continuación presentamos el resultado de ese trabajo, que consideramos revelador.
Chico pobre, chica rica
Algo que pocos saben es que Cristina y Jorge Hilton ya se habían conocido en 1983, en aquel acto del Partido Justicialista en el estadio de Vélez, donde Herminio Iglesias tuvo la genial idea de quemar un ataúd con las siglas de la UCR, a modo de mensaje de paz a una sociedad que en pocos más iba a votar y que lo que más quería era dejar atrás la violencia demencial de los ´70. Los dos jóvenes estaban muy cerca del palco. También estaba Néstor, que fue quien le facilitó el encendedor a Herminio, otro dato desconocido hasta hoy.
Luego del mitin, Cristina y Coqui se fueron juntos al Palacio de la Papa Frita, donde hicieron un análisis de la campaña electoral. "Me parece que perdemos, Alfonsín hizo mejor campaña", dijo Cristina. "Quedate tranquila, ganamos por veinte puntos", dijo Coqui.
Tras la estrepitosa derrota peronista de octubre del '83, en el PJ cundió el desconcierto. "Creo que hay que seguir peleándola -le dijo Capitanich a su amiga-, y el mejor lugar es acá, en Buenos Aires". Cristina dudaba. "¿Vos pensás quedarte acá?", le preguntó a él. Coqui, entusiasmado, le respondió con un enérgico "¡sí, me quedo en Buenos Aires!". Ella, entonces, decidió irse a vivir a Santa Cruz.
Ya para entonces, Cristina era una abogada próspera. Jorge Hilton, en cambio, llevaba una vida tan austera que en Capital Federal vivía en una cabina telefónica que alquilaba junto con seis jujeños y nueve correntinos. En agosto de 1984 le mandó una postal a Cristina. De un lado, la imagen de la Bolsa de Comercio, del otro, tres renglones y un mensaje escueto: "Te extraño". Ella le contestó en noviembre de 1987: "Ah, bueno".
En 1988, se prepara la interna peronista para elegir al candidato a presidente de 1989. Coqui se alinea con Antonio Cafiero. "Le vas a ganar por veinte puntos a Menem", le pronosticó.
Tras la asunción del riojano como presidente, logró un lugar en los equipos técnicos del Ministerio del Interior que se dedicaban a monitorear las cuentas fiscales provinciales. Ahí usó el teléfono en 1993 para llamar a su amiga del sur, tras años de desconexión.
Aunque Capitanich buscó que la charla tuviera un tono personal, Cristina llevó todo el tiempo la conversación hacia el terreno político. Hablaron del Plan de Convertibilidad. Ella criticó las privatizaciones. "A vos Néstor te llena la cabeza, él no es para vos", se enojó Coqui, y le cortó. Arrepentido, le envío esa misma tarde una postal con otra vista de la Bolsa de Comercio. "Siempre te pienso", garabateó al dorso. Ella, en un pedazo de paquete de yerba Romance, le contestó 19 meses después: "Güe".
El poder
Los dos se vieron luego varias veces, pero con un trato frío. Recién volvieron a tener una charla franca a fines de 2001, cuando De la Rúa ya había abandonado la presidencia y él se preparaba para ser jefe de Gabinete de Duhalde. "Te deseo lo mejor", le dijo ella tomándole los hombros. Se miraron fijamente varios segundos, y los rostros comenzaron a acercarse poco a poco. En ese momento, apareció Sandra Mendoza.
Una semana después, un día antes de que Capitanich fuera dado de alta, Cristina lo visitó en Instituto de Traumatología y le firmó algunas partes del yeso. Coqui se sonrió levemente, para que no se le notara que todavía no le habían hecho los implantes que debían cubrir los dientes perdidos.
En mayo de 2003, cuando Néstor asumió la presidencia, Coqui se acercó a ella y le regaló un Powerpoint con gráficos que señalaban cómo había variado la amistad entre ambos en el período 1983-2003 a valores constantes. Ella le guiñó un ojo. Desde otro sector, Sandra Mendoza los vio.
En septiembre del mismo año, y luego de no lograr que Brasil le diera asilo, Capitanich regresa al país y se postula de incógnito a la gobernación del Chaco, perdiendo con Roy Nikisch. Cristina lo llamó y le dijo que estaba convencida de que él sería gobernador un día. Coqui le dijo que él pensaba que sería en el período 2007-2011. Cristina le aclaró: "No, eso serían cuatro años, yo lo que te digo es que creo que vas a ser gobernador un día".
Después, pasó lo más conocido. Kirchner rompió con Duhalde y dibujó una cruz sobre el rostro de Capitanich, por considerarlo un leal al caudillo bonaerense. Coqui fue casi una mala palabra en el mundillo K. El senador chaqueño, siempre práctico, le decía a sus asistentes: "Es cuestión de tiempo, haciendo buena letra les voy a terminar cayendo bien". Pasaron así dos años en los que iba a las reuniones kirchneristas y, para congraciarse, planchaba los sacos de los dirigentes, les lavaba los autos y averiguaba sus domicilios para cortarles el pasto con una bordeadora.
Con todo, fue recién con su inesperado triunfo de 2007 que el matrimonio Kirchner cambió desprecio por afabilidad. Después llegó la victoria de la propia Cristina y su llegada a la presidencia. En 2008 la crisis del campo los acercó como nunca antes. "Néstor quiere que renuncie", le confesó ella en el pico más alto del conflicto. "Ni se te ocurra, que te echen; si renunciás no cobrás indemnización", le aconsejó Coqui.
"Gracias, gracias por preocuparte y estar acá", le dijo ella y tomó su mano entre las suyas. "No, gracias a vos -le contestó el gobernador-, por todo. Por el superávit fiscal primario, por el saldo positivo de la balanza comercial, por la reestructuración de los compromisos de deuda pública de las provincias".
Ella vino al Chaco cada vez que pudo. A veces, sin nada para inaugurar, pero ansiosa. Otras, de incógnito. Como la frustrada visita de la noche del 26 de febrero del año pasado, cuando quiso entrar a la Casa de Gobierno de la provincia por la zona del estacionamiento, y Sandra Mendoza la vio. La presidenta saltaba entre los autos, mientras la entonces ministra de Salud intentaba atropellarla con una camioneta. Luego, como se sabe, no se dijo una palabra de la presencia de Cristina, y se hizo correr la bola de que Sandra estaba enojada porque Capitanich supuestamente le había pedido la renuncia al gabinete.
Cristina, desde entonces, ya no organizó viajes ocultos. Además, no le gusta el gabinete de Capitanich. Todavía recuerda el acto de inauguración de las refacciones en el Aeropuerto de Resistencia, cuando oyó claramente al vicegobernador Bacileff Ivanoff diciéndole al oído a Coqui, mientras la miraba: "Está para darle".
¿Pasa algo?¿No pasa nada? Para contestarlo, nos remitimos a la respuesta que da un alto funcionario del gobierno provincial cada vez que le preguntan sobre el tema: "Ni idea".
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...