Esto no da risa, sino mucha rabia. Este sábado será 14 de noviembre, y se cumplirá un año desde la batalla campal de la puteatonal de Resistencia, en la que una patota bancada por sectores peronistas se enfrentó con otra del rozismo, y en el medio fue apuñalado el periodista Fabricio Glibota.
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Como siempre pasa en esta puta provincia, hubo expresiones de condena, de preocupación, funcionarios rasgándose las vestiduras, legisladores prometiendo total apoyo y hasta pandilleros marchando "contra la violencia" que ellos mismos habÃan motorizado.
Como dijimos hace un año, el desastre de aquella mañana fue totalmente anunciado, desde dÃas antes, por las amenazas que se cruzaban -sin que a ningún fiscal se le ocurriera actuar de oficio- los gurkas de la UCR y los del PJ. Y, como se sabÃa, los dos grupos buscaron hacer el mayor daño posible, ante una presencia policial casi nula y meramente simbólica.
Fabricio no murió de milagro. Un año después, no hay ningún detenido ni imputado por el intento de asesinarlo. No lo hay aunque el hecho haya ocurrido ante muchÃsimas personas, aunque haya habido muchas cámaras filmando, aunque haya pasado en el corazón de la ciudad y aunque haya sido en pleno dÃa.
Lo otro que salió a luz fue la precariedad con la que trabajan los periodistas. De nuevo, más promesas: de Capitanich, de los diputados de todos los bloques, de los organismos laborales, de todos. ¿Cómo estamos hoy?: sÃ, exactamente igual.
Para celebrar lo que él llama "su primer año de vida", Fabricio giró una invitación a estar en la esquina de Alberdi e Illia esta sábado, a las 10 de la mañana, para unos minutos en los que, dice, "brindaremos por la vida, por la familia y por los amigos. Nada de funcionarios, nada de AÃdas ni Coquis, nada de fiscales ni jueces, nada de municipales ni de vendedores ambulantes". Ojalá estés.
A continuación, un texto de Fabricio redactado esta semana a propósito de la fecha en que su vida casi se termina.
Por mi lomo
Parece increÃble lo rápido que pasó este primer año desde aquella trágica mañana que tiñó de sangre y destrucción el centro de Resistencia. Pero más increÃble aún es que por semejante episodio no haya culpables ni detenidos.
Todo sucedió a plena luz, en el lugar más transitado de la ciudad y ante decenas de cámaras. Sobran las imágenes tomadas desde todos los ángulos ese dÃa, y ni hablar de la cantidad de declaraciones y actitudes previas y posteriores de sus protagonistas.
Pero faltan responsables, tanto materiales como intelectuales.
En verdad desde el principio las cosas estuvieron claras: finalizando un año preelectoral, un conflicto de competencia municipal (que por incompetencia de las autoridades nunca fue resuelto) se volvió una pelea polÃtica. El lector recordará los operativos de la jueza de Faltas resistidos por los vendedores ilegales, los insultos de corte racista que una vez la funcionaria propinó contra los mismos, las constantes corridas que se producÃan cuando aparecÃan en escena los inspectores municipales, y las gestiones del gobernador que incluyeron la promesa de construir un shopping para los «ambulantes» (del cual nunca más hubo noticias) en una de las zonas más cotizadas del centro.
Los periodistas palpábamos que algo sucederÃa tarde o temprano. Las señales pronto se convirtieron en claras amenazas: Sampayo diciendo en las radios que desatarÃa una batalla campal; Rossi y los ambulantes acumulando armas y objetos contundentes debajo de sus puestos.
Finalmente llegó el viernes 14 de noviembre. La «agenda periodÃstica» marcaba «9.30: desalojo de los vendedores ambulantes en la peatonal». A esa hora vencÃa un nuevo plazo judicial para que los vendedores abandonaran sus puestos, y esta vez Sampayo y 200 municipales corroborarÃan que suceda de esa manera.
El aire era denso y poco ayudó la presencia de AÃda Ayala avalando la concentración de los empleados comunales. Tampoco se entendÃa cómo el Gobierno decidió dejar la zona liberada de presencia policial.
Eran las 9.12 más o menos y apareció en escena la camioneta blanca del Pelado Rossi, desatándose el infierno. Yo caà casi inmediatamente a raÃz del cuchillazo que recibà por la espalda a la altura del riñón izquierdo.
Detrás de mà habÃa tantos vendedores como municipales, es ahà que deberÃan pesar las investigaciones y peritajes de la PolicÃa, pero no habÃa ninguno y, para colmo, durante semanas insistieron en que lo que me clavaron fue un destornillador, a pesar de que las caracterÃsticas y profundidad de la herida evidenciaban que se trataba de un cuchillo.
¿Por qué la Justicia no actuó de oficio para prevenir la batalla? ¿Por qué la PolicÃa dejó la zona liberada? ¿Quisieron atacar a un periodista? ¿Cómo es posible que no haya responsables? ¿Era necesario que funcionarios provinciales y judiciales se saquen fotos junto a mi cama de internación?
¿Era necesario que AÃda Ayala contrate a Babasónicos para festejar la inauguración de la peatonal exactamente un mes después de los acontecimientos? ¿Tiene sentido gastar varios miles de pesos en publicitar una recompensa de $20 mil? ¿Tienen nuestros dirigentes sentido de la ubicación?
Estas son tan sólo algunas de las preguntas que aún no tienen respuestas y que temo, con razón, que nunca las tendrán.
Eso sÃ, la peatonal quedó sin vendedores ambulantes, y no fue ni por la intendenta ni por el gobernador. Fue por mi lomo
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Fabricio Glibota
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...