(Por Remiul Ristanic, trabajando en Resistencia para mandar dólares a Macedonia) - Que los funcionarios más importantes del mundo suelen contratar un doble para que se exponga ante los peligros de aparecer en público no es una novedad. El propio Ángel Rozas usó varias veces a Jorge Guc para evitar ladrillazos, y en la sesión legislativa en la que Juan José Bergia fue nombrado presidente, el que estuvo en el recinto no fue él sino Tapete, el mismo enano que ocupó el lugar del gnomo Senderling en el palco de famosos, durante la última visita de Cristina Fernández a Bariloche (ver Barcelona, Nº 4, marzo de 1630).
En el caso de Jorge Hilton Capitanich, su doble, “Milton”, cumple una función más estratégica: inaugurar cosas cuando la agenda del gobernador está saturada. Y lo hace desde febrero de 2008, cuando Capitanich trató de asfixiar al ministro Judis con una bolsa de chipá, al grito de “¡No puedo estar en dos lugares a la vez!”. Esta es la historia de Milton, el Doble de Inauguraciones del gobernador Hilton Capitanich, que nos atendió en bata en la puerta de la residencia oficial.
-¿Hace mucho que es Doble de Inauguraciones?
-Bueno, en realidad yo empecé como doble de riesgo: soy el que recibió todos los huevazos que eran para el diputado Agustín Rossi, en Santa Fe, pero mucho antes ya me gustaba parar a la gente en la calle, cuando estaba por cometer una estupidez, y exponerme al peligro en su lugar. Por ejemplo si una anciana iba a cruzar la 9 de Julio a la altura de la cancha de Forever con los ojos tapados, yo le decía: “Deje, doña, voy yo”. Cuando Alberto “La Chancha Asesina” González vino a dar una exhibición de Full Contact al Hindú, yo fui el tipo al que desfiguró a patadas en la carretilla. De esas cosas nadie se acuerda, pero tengo fotos.
-¿Y por qué dejó?
-Una vez reemplacé a un suicida que se quería tirar del puente Chaco-Corrientes. Era un hombre grande, agobiado por los problemas. El tipo me pagó con unos vales de mercadería, y como yo andaba tirado… bueno, “tirado” dije, jeje, el subconsciente… Bueno, me tiré en su lugar, con la desgracia de que justo pasaba por abajo un buque que llevaba algarrobo para Buenos Aires. Me rompí varios huesos contra los troncos y permanecí inconciente durante todo el viaje. Cuando me desperté, Ricardo, el jefe de cubierta del barco, me había convertido en su doncella. Ahí dije “basta”.
-¿Cuándo supo que podía dar el perfil para ocupar el cargo de Doble de Inauguraciones del gobernador?
-Yo justo tenía turno para operarme la cara porque me había comprometido con un hincha de Sarmiento a pagar una apuesta que el tipo había perdido. El trabajo no era nada de otro mundo: tenía que ir hasta el corazón de la hinchada rival y gritar el gol del triunfo del “decano”, en la final del Torneo Federativo que clasificaba al ganador para el “Argentino C” y sumergía en la vergüenza deportiva al perdedor. No te voy a mentir, me fajaron de lo lindo. Entonces, cuando faltaba una semana para operarme, me entero de que el gobernador andaba buscando un Doble de Inauguraciones, así que no lo dudé y me hice hacer la cara de él.
-¿El trabajo lo obtuvo inmediatamente?
-No, en eso son muy estrictos. Me hicieron un montón de preguntas y me dijeron que donde se me ocurriera firmar un decreto sin permiso iba a aparecer tirado en un zanjón. También me hicieron pasar por adelante del auto de la primera dama, semidesnudo y bailando lambada, a ver si ella reaccionaba. Fue una prueba muy difícil.
-¿Y la señora reaccionó?
-Sí, sí, por supuesto. Pisó el acelerador. Ahí me dieron el laburo. Me internaron una semanita y ya empecé a inaugurar cosas, computadoras, tramitos de rutas, carteles. Yo fui el que inauguró el pasillo recién encerado del entrepiso de Casa de Gobierno en mayo pasado. Los periodistas estaban a un metro y no se daban cuenta, fue un plato. Ahí la señora Sandra me dijo que hacía un gran trabajo y pidió que me aumentaran el sueldo, pero el gobernador se negó. Por eso digo que con la señora me llevaba bien, pero Coqui es un cabrón.
-¿Y la intimidad? ¿Puede hablar de eso?
-No, mire, ninguno de los dos, ni Hilton ni yo, intimaba con la señora. Una cuestión de respeto.
-¿Qué planes tiene para el futuro?
-Bueno, yo ahora acabo de inaugurar el comedor de una casita en Santa Sylvina, a la misma hora que Hilton inauguraba un cantero en la vereda de una escuela en Castelli. Igual estamos abocados a las extraordinarias. Debatimos bastante y el gobernador decidió que para evitar conflictos íbamos a presentar más o menos diez proyectos cada uno. Hicimos una apuesta: al que le aprueban más proyectos, inaugura la obra más grande del mes que viene, que es un portalápices que hizo un chico de una escuela de El Impenetrable. Hasta ahora yo llevo más proyectos aprobados que él, pero como él manda, ya está queriendo hacer otra extraordinaria en febrero para cagarme la inauguración.
-Si Capitanich fuera candidato a presidente en 2011, ¿usted seguiría siendo su Doble de Inauguraciones?
-No creo. Soy un tipo muy apegado a mi tierra. Lo más probable es que me haga doble de algún otro funcionario, no sé, podría ser de Pedrini o del Teté Romero: ahora hay un tratamiento que te saca toda la pigmentación de la piel y te deja transparente. Ya veremos. Por lo pronto sigo firme en mi puesto.
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...