(Por Remiul Ristanic, desde la EGB 2016) - El gobernador de todas las chaqueñas y chaqueños se jugó la última carta antes de ver en las aulas los resultados de la puja con el sindicalismo disidente: “Estamos cumpliendo con las metas fiscales en términos no aleatorios de reproductividad cinética, lo cual, si se analizan los flujos de la apertura de crédito en cuenta corriente, es buenísimo”.
La definición política provocó una ovación en el auditorio del Salón Obligado y un estallido en los mercados, especialmente en la Bolsa de Comercio de Resistencia, ya que desde enero pasado Capitanich cotiza en bolsa. Cuando sus propios colaboradores le pidieron precisiones para armar la gacetilla de prensa, el mandatario les aclaró “con una cara de culo que ni te cuento” que la idea es descontar a los docentes los días trabajados, “empezando desde el lunes”. Después hizo echar a al menos 42 periodistas, “por ramplones”.
Medidas van, medidas vienen
Primero fueron los descuentos a los maestros que hacían paro, apoyados en el dudoso argumento de la “continuidad democrática” más allá de las diferencias de fondo con el gobierno de la Alianza, porque “las grandes obras, como el Sefecha, el ministerio de la Producción o los descuentos a los haraganes, no tienen gobierno ni color político”.
Durante algún tiempo pareció una estrategia fantástica para ganar tiempo mientras se creaban los 22.614 nuevos gremios docentes oficialistas, pero al cabo resultó problemática. Como reveló un hombre de la entraña del ministro Aguilar: “No sabemos qué hacer con toda la plata descontada, y eso nos genera picos de stress y nos tienta mal, tipo a descontarle el sueldo a todos los empleados públicos para pagar deudas históricas”.
Más tarde fue el “fondo estímulo” para premiar a los docentes que iban a trabajar, ingeniería inspirada en la experiencia española que incluso antes de asumir encendía los ojitos achinados del ex subsecretario Miguel Aquino, hoy devenido en Cruzado contra la quiniela clandestina. En esa especie, se presume, hubo avances y retrocesos.
Por ejemplo Rosita Petrovich, secretaria general de ATECH, estuvo en contra desde el principio: “¿Premiar a los que trabajan? Este tipo ya no sabe qué inventar”, espetó al notero de una conocida radio capitalina. El titular de la cartera educativa, Francisco Romero, a modo de respuesta indirecta, etérea, metafísica, reconoció la representatividad de “uno de los gremios fuertes de la oposición por la oposición misma, especialmente entre sus afiliados”, pero negó que Petrovich tuviera razón: “¡Acá no se premia a nadie!”.
Nueva medida y nuevo ministro
Ahora, como si ninguno de los planes anteriores convenciera del todo a Jorge Hilton Capitanich, el “cuadro nomenclativo salarial de apoyatura implosional docente”, más conocido como D.P.G. o “Descuento Para Giles”, se esgrime como la Espada de He-Man del oficialismo.
Desde el balcón de su departamento, el líder, en calzoncillos largos con patitos estampados y chomba color salmón, lo sintetizó así: “¡Hoy me importa más el debate televisivo entre Ricky Fort y Ale Fantino que las amenazas de esa señora que no representa a nadie!”. Convenientemente ubicado en el parterre de la avenida, a los gritos, un periodista repreguntó: “¡¿Qué?! ¡No se oye!”. “¡Que hoy me importa más el debate televisivo entre Ricky Fort y Ale Fantino que las amenazas de esa señora que no representa a nadie!”. “¡¿Su señora?!”. “¡No, no! ¡La señora esa de apellido bolchevique, Petrovich!”. “¡Ah, Petrovich!”.
Mientras se producía el diálogo con la prensa, el señor que vende chipá en la esquina de la catedral, que pasaba por ahí, interrumpió: “¡Pero, gobernador, el N.F.E. o Nuevo Fondo Estímulo, ¿lo van a aplicar o no?”. Hilton apenas se detuvo a meditar la respuesta. En cambio, sacó un Blackberry de su riñonera y llamó al ministro de Economía: “Aguilar, ya mismo armate un proyecto para cambiar la ley de ministerios: acabo de conocer al nuevo ministro plenipotenciario de Prensa y Comunicación de la Provincia”. Y después, mirando hacia la avenida: “¡Ey, vos, el chipacero! ¡Decime tu nombre y tu DNI!”.
Keep walkin’
Tras bambalinas se comenta que Capitanich tiene una visión política de vanguardia: meterle para adelante, quemar las naves, seguir caminando, quemar ministros, avanzar aún más, quemar subsecretarios, y nunca, pero nunca, mirar atrás. “Eso es descabellado”, dicen los que creen entenderlo: “Hilton no da un solo paso sin consultarlo con la almohada”. Lo cierto es que algunos agoreros han querido ver en el último anuncio, el de descontar a los docentes los días trabajados, un ejercicio de psicología inversa: “Sólo hay que esperar a que Mijno y Petrovich se enteren, para que nos exijan anular la medida, jejeje”.
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...