(Por Remiul Ristanic) - “Las hormiguitas me avisaron”, se lamentó el referente del Mo.Par. mientras trataba de abrir la puerta de su bellísimo Studebaker rojo con un clip. “Me dijeron que Alicia estaba encabronada y que corriera el autito de ahí, pero no las quise escuchar”. Lo cierto es que para cuando el personal de seguridad de Brown 520 consiguió identificar el nanoscópico espectáculo, Mastandrea se había dado a la fuga y del Studebaker rojo sólo quedaba un indiscernible amasijo de fierritos retorcidos.
Todo empezó después de las 18 de este miércoles, cuando la ex titular del Cuerpo irrumpió en la oficina de la presidencia, aparentemente por inercia, buscando, según testigos, un paquete de mentoplús que se había olvidado en diciembre. “Abría y cerraba los cajones, levantaba las carpetas, revoleaba los expedientes... fue un desastre”, reveló un secretario humano.
En un primer momento Bergia se mantuvo al margen, recostado en una carpetita bordada junto a una auténtica Barbie de ojos enormes. “Estaba comiendo miguitas de Chocolinas y mirando el partido de la selección en pantalla gigante (…) cuando Alicia sacó el techo de la casita de muñecas para ver si estaba usando sus mentoplús como aparador. Me puse de la cabeza, me saqué”, confesó el irascible legislador. “La putié de arriba abajo y ella me putió a mí, pero cuando amenazó con aplastarme si me llegaba a bajar del escritorio me quedé en el molde”. Al final, es sabido, la cosa no pasó a mayores.
En el recinto
Una vez que terminó el cotejo deportivo y mientras los diputados jugaban a los penales usando las bancas como arcos, Mastandrea volvió a la carga:
-Señor pre… pre… presidente, Sánchez se llevó mi pupitre.
-A ver, por Secretaría, si le pueden leer a la di… di… diputada, y enfatizo: di-pu-ta-da Mastandrea sus derechos y obligaciones.
-¡Mi banca es mi banca!
Sánchez, que había estado leyendo una Condorito vieja como si no tuviera nada que hacer en ese lugar, levantó la mano:
-Señor presidente, si me permite…
-Sí, Ricardo, hablá tranquilo…
-Si usted se fija en el inciso dos del artículo ciento ocho del Reglamento Interno que-la-Alianza-aprobó-cuando-tenía-mayoría… notará con sorpresa que las bancas no tienen dueño… me refiero a los muebles.
-A ver, por Secretaría…
-Bsss… bsss… bsss… Sí, es verdad lo que dice el diputado.
-Lo siento, di-pu-ta-daaa… el que se fue a Sevilla perdió su silla…
Cuestiones previas
Los roces se hicieron inocultables durante la extensa etapa de las llamadas “cuestiones previas”, en la que Hugo Maldonado exhumó jugosos detalles de un juicio laboral que lo tiene a maltraer, Egidio García cantó un tema de Tonolec usando la cabeza de Matkovich como instrumento de percusión y Clelia Ávila confesó que los obispos, debajo de los hábitos más visibles, tienen otros hábitos menos conocidos.
Como era de esperar, para cuando llegó la respuesta de Bergia al pedido de informes de Mastandrea, el horno no estaba para bollos, y los cruces, las chicanas de cuarta y las acusaciones mutuas por exactamente los mismos delitos, hicieron las delicias de sus pares. Sánchez, en especial, se reía mientras acariciaba con sorna la superficie de su nueva banca y le hacía caritas a su usurpada colega.
Lo que nadie fue capaz de anticipar fue que Mastandrea, cuando dijo “Ya vengo, voy al baño”, estaba planeando una venganza imperdonable, y el autito del nuevo presidente, hecho trizas, es el silencioso testigo de esa locura.
El futuro ya llegó
Ahora empieza otra historia. Mastandrea lo sabe; Bergia también. Bergia, de hecho, se ha pasado toda la jornada del jueves recorriendo jugueterías para tratar de encontrar un Studebaker parecido al que tenía, aunque sea de otro color. Mastandrea, todavía indignada por la acusación de que lucró con la cartelería de un terreno de mierda, planea su próximo golpe: robarle a su némesis la cabeza de la Barbie y ponerla subrepticiamente en el bolsillo de Sánchez, a ver qué pasa con la famosa “amistad” política del 2010.
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...