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05 de Febrero
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Carta a mamá desde este tiempo

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Hola mami. Aquí me pongo esta mañanita de sábado a escribirte. Son las 11:42 y solamente desayuné y leí un poco de poesía. Busqué nuevamente a Bukowski y a Carver, que tienen esa poesía afilada y me
consuelan como dos perros viejos y sabios.


Esta semana fue extenuante. En el trabajo de repente corren rumores de que van a unir nuestro departamento con el de atención al cliente. Todo porque los genios ingenieros que tenemos se inventaron un nuevo sistema para que los técnicos necesiten cada vez menos de nuestra supervisión, así que nos sobra tiempo según ellos para atender también llamadas de los clientes. Y esta semana nos estuvieron "capacitando": o sea, nos dieron unos pocos puntos de guía y nos metieron presión.

Todo es tan absurdo, nadie te capacita de verdad, los inventos de los ingenieros son torpes y no tienen idea de lo que necesitamos para trabajar bien. Todo lo que les importa es la rapidez, aunque esté mal hecho. Los servidores no aguantan la rapidez y se caen cada día y medio, dejándonos sin teléfono, sin computadora... el trabajo se acumula en esas caídas, pero los jefes piden más rapidez para que sigamos como si nada pasara. ¡Es una locura! ¡Y completamente ineficaz! Estamos tan cansados que sobran las cagadas en la tarde del viernes, cuando la gente ya está harta y sólo piensa en irse a la casa.

Así que hoy me desperté con Iván, desayunamos, se fue a su trabajo de mierda y yo me quedé aquí leyendo poesía en franca rebeldía contra todo lo que el mundo está considerando hoy en día "productivo" o "útil".

Anoche mientras preparábamos la cena (crema de verduras y lasagna congelada) me serví una copa de buen vino tinto que me hizo muy bien. Sólo una. Y despotriqué un poco contra este sistema que alguien vendió como "bueno" hace algunos años, pero que en la mayoría de los países nórdicos está completamente erradicado. Incluso en Finlandia habíamos escuchado que se prohibió el trabajo en horarios nocturnos que no fueran de servicio a la comunidad como los médicos, bomberos o policías. Y me pregunto por qué no se puede aplicar al mundo entero.

Me van a decir los sabelotodos que es necesario el sacrificio de muchos para el bienestar de pocos, y que solo los países nórdicos se pueden dar ciertos lujos. NO, le repito a quien quiera escuchar. NO ES VERDAD. Esa es la primera mentira de la cual se encadenaron el resto de falacias.

En un poema de Bukowski leo que se había olvidado su único par de zapatos en el coche. Su único par bueno. Y en un reportaje a una abuela ganadora del premio al mejor jardín de un barrio castizo, la vemos tejiendo pulóveres y bordando manteles a sus nietas, y dice "estos les durarán hasta que se los pasen a sus nietos". Eso era antes, el ajuar: las cosas hechas con amor que se heredaban eternamente.

Nos vendieron un sistema más rápido que hace pulóveres de poliéster explotando a chinitos, porque son baratos, y los tenemos que usar una temporada y tirarlos porque se llenan de bolitas, se agrandan o se achican, pierden la forma. Ustedes aún tienen pulóveres tejidos por la abuela Chela. Tejió durante años lo que se conserva por décadas. Eso es calidad, porque es amor.

Iván me suele regalar zapatos de su tienda. La industria del calzado español está tratando de sobrevivir a la competencia china, con estos resultados: las botas tienen una horma incómoda que me hace doler el empeine, a los botines se les despegó la suela en la última lluvia. No quiero más zapatos, ni chinos ni españoles. Pero, incluso aunque vaya a una tienda cara y busque unos zapatos que por el precio deberían ser mejores... cuando mirás su etiqueta dice "Hecho en Bangladesh"... y son incómodos, tienen una suela de goma, me hacen doler el dedo gordo. La misma estafa pero con mayor beneficio. Hasta las grandes casas de moda tienen sus fábricas en Oriente, en donde ponen a chicas de 15 años a coser como burras. Y dicen que es mejor que prostituirse.

Tendremos que reaprender a tejer, bordar, coser. Hacernos zapatos, incluso. Trabajar menos para esos monstruos y conservar una pobreza digna. Y otra vez me pregunto: ¿De verdad producir menos es ser pobre?

Carver tiene un poema glorioso en el que confiesa que odia trabajar, que eligió un barrio de casas destartaladas para vivir y que no hay nada de malo en sentarte en la puerta de tu casa a tomar una gaseosa y dejar el tiempo pasar (también dice que lo más horrible que se le puede preguntar a un niño es "¿qué quieres ser cuando seas grande?")

Escribo por las mañanas, todos los días una hora. Es el tiempo que tengo. Para eso madrugo un poco, desayuno a solas y me siento a escribir. Me duele cada vez más interrumpir ese rito para ir a fingir que trabajo y que por eso me merezco mi sitio en el mundo (y fingir que además me lo creo). No puedo evitar los comentarios mordaces ante mis compañeros de trabajo, que me observan incómodos.

Pero sigo escribiendo, sigo sacando todo para afuera, es mi pequeño exorcismo. Con suerte, si es el destino, finalmente llegue a vivir de ello. Y me mude a algún barrio humilde con concursos de jardines y me siente con todo el derecho del mundo en la puerta de mi casa, a tomar una Coca Cola y ver pasar el tiempo.

Mi mail de hoy no es alegre, pero tampoco triste. Llevo una furia contenida largo tiempo que empieza a desperezarse.

Un beso

Cele


(Celeste es chaqueña; vive actualmente en España)


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Actualizado ( Lunes, 14 de Junio de 2010 23:45 )  

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