“Al hígadoooo, al hígadoooo, recién ablacionadito el hígadoooo”. Quien vocea su oferta en el Barrio Güiraldes de Resistencia es Eugenio, un hombre que cada mañana saca a la vereda varias estacas en la que cuelga distintos órganos humanos que pone a la venta.
“Se vendía bastante bien a principios de año, pero con el quilombo del campo y ahora el asunto de la crisis internacional, bajó un poco”, cuenta mientras acomoda un par de pulmones en la pared de enfrente de su vivienda.
El caso de Eugenio es apenas uno más dentro de una serie que confirma que el tráfico de órganos no sólo goza de buena salud (si vale la metáfora) en el Chaco, sino que además está en expansión y va saliendo a la luz de una manera desembozada, como si a las autoridades no les interesa frenar ese comercio ilegal.
En una recorrida por varios puntos de la ciudad, este portal pudo constatar que los hígados se venden a entre 5 y 7 pesos, el par de pulmones se consigue a 12 y los riñones oscilan alrededor de los 9. Los corazones, en cambio, tienen grandes variaciones. “Si es un corazón bueno, puede salir 120 mangos”, cuenta Fabricio, que tiene un puesto de venta en la zona de El Triángulo. “Pero si era el corazón de un reverendo hijo de mil putas, te lo pueden dejar por 4 o 5 pesos”, completa.
En el San Cayetano también hay ofertas de combos. En una pizarra, por ejemplo, se leía ayer: “Un pollo al spiedo más un páncreas y una rusa, $ 27”. La pregunta de la comunidad es: ¿no se puede hacer nada?
“Si el dueño del hígado o del páncreas que se ofrece no viene a hacer la denuncia, no podemos actuar”, explicó un comisario del sur de la ciudad a A-N. Un fiscal penal consultado por este medio también alegó que la actuación ante el tráfico de órganos “se dificulta, porque esta gente tiene todo muy bien planeado y se cubre legalmente. Cuando nosotros hacemos un operativo, nos dicen que los órganos son de ellos, no de otros. Y ahí nos cagan”, resumió.
El funcionario judicial amplió diciendo que “la única manera de constatar si nos dicen la verdad o no, sería operándolos para ver si tienen o no adentro sus pulmones, el corazón, etcétera, pero no podemos obligarlos a someterse a una intervención de ese tipo. Los que sí deberían actuar son los de la Dirección de Comercio”.
En la oficina de Comercio, a su vez, las respuestas a A-N fueron ambiguas. “A veces inspeccionamos de oficio, pero no hay una ley que diga cómo deben ser los locales de ventas de órganos, así que en realidad al venderlos en las calles no están infringiendo ninguna norma –explicó un encargado-. Una vez sí, cerramos una especie de puestito donde vendían córneas, corazones y riñones, porque al lado tenían una máquina de videopóquer, y eso está estrictamente prohibido”.








Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...