"No puede ser, hermano, según las estadÃsticas de los radicales, en las Cabalgatas de la Fe, durante los últimos quince años, pasaron más de dos millones de personas, y a pesar de eso no me conoce ni San Feisbuc". AsÃ, con esa amarga queja, San Pantaleón cerró otra marcha de fieles para el olvido, en la que la máquina publicitaria aliancista terminó de nuevo dándole más realce a la presencia de Angel Rozas en la procesión que a la imagen del propio santo al que supuestamente se venera con la actividad.
En realidad, la irritación de San Pantaleón surge más de la acumulación que de la sorpresa, porque la maravillosa manifestación de fe popular, sostenida desde 1996 con milagrosos millones sacados de las arcas públicas, siempre puso en primer y excluyente plano a Rozas, que encontró en la marcha a caballo de cada julio una fórmula berreta pero eficaz para que mucha gente lo viera como un buen muchacho, occidental y cristiano, en cuyo gobierno aparecÃan muchos casos de corrupción sólo por la pérfida acción de Satanás buscando desprestigiarlo.
En los afiches que se pegaban en toda la provincia invitando a "acompañar al doctor Angel Rozas", en los spots televisivos, en las tandas radiales, siempre el ex gobernador ocupaba toda la escena. San Pantaleón no figuraba ni en letras chiquitas junto a un asterisco. Pero ahora Panta, como lo llaman los demás integrantes del santoral, parece haber dicho basta.
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Un cansancio comprensible
"Estoy podrido, qué querés que te diga", confesó S.P. al ser abordado por Angaú Noticias tras la última Cabalgata de la TestaFe. "Nunca una fotito mÃa en un rinconcito de algún aviso de los que se sacaban en los diarios. Hasta los obispos, al hacer la misa de cierre, le terminan dando más bola al Angel que a mÃ. Que San Puta se los lleve", explotó, mencionando asà a uno de los santitos más cumplidores de la feligresÃa argentina.
Panta también dice haber sentido indignación "porque luego de cada cabalgata, veÃa que ellos en los medios hacÃan decir que acá venÃan 70.000 o 90.000 personas. Me hacÃan angustiar al pedo, porque como veÃa que los asistentes eran diez veces menos, pensaba que a la gente que no llegó le habÃa pasado algo por el camino. No tienen códigos".
Otra queja tiene que ver con los pedidos que viene escuchando en cada edición. "Encima que me tiran para el medio con la difusión, después llegan acá, se hacen los emocionados, y me terminan pidiendo todos lo mismo: que no se les mueran los testaferros", contó.
Incluso, contó el caso de una alta figura de la polÃtica provincial, a quien "se le murió el testa que tenÃa, que era el padre de un alcahuete de él. Entonces se le armó flor de quilombo, porque otros hijos de ese hombre reclamaron esos bienes como parte de la sucesión. ¡Y me lo vinieron a echar en cara a mÃ, diciéndome que para qué me organizaban semejantes cabalgatas, si después yo no les cuidaba las espaldas!".
San Pantaleón camina de un extremo a otro de la capilla con las manos en las espalda. En la derecha sujeta con fuerza rabiosa la aureola. "La tengo que llevar asà -explica-, porque ya van como cuatro años que me la afanan. Encima eso".
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...