(Especial de Donquilmi Pepe, desde Formosa, para Angaú Noticias) - Los graves hechos de la colonia La Primavera, en el norte formoseño, donde un operativo policial para desalojar a aborÃgenes de un campo supuestamente privado terminó con tres personas muertas, generaron, como era de esperar, noticias sensacionalistas de los medios monopólicos, que hablaron de una "brutal represión".
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Por suerte, el gobierno nacional no condenó la actuación de la PolicÃa de Formosa ni mucho menos a la gestión del gobernador Gildo Insfrán I, y se sabe que la administración de Cristina Fernández de Kirchner es una inclaudicable defensora de los derechos humanos de todos los argentinos. O sea que si no hubo condena, es porque en Formosa está todo bien, y porque la señora presidenta sabe que Gildo es el Martin Luther King del nordeste nacional. Por eso es tan importante tener revolucionarios en la Casa Rosada.
Sin embargo, no es menor el daño que organizaciones de derecha como Amnesty International, movimientos campesinos y comunidades indÃgenas le ocasionan a la imagen de Formosa en su burdo intento de hacer creer que en este bendito suelo no se respetan garantÃas ni derechos humanos básicos.
La verdad y nada más
AN hace por ello su humilde aporte en pos de la verdad, y brinda a continuación el preclaro detalle de los hechos acontecidos el martes 23 de noviembre en proximidades de Laguna Blanca, Formosa, basándose en el informe suministrado a esos efectos por el gobierno infrainsfraniano.
23 de noviembe de 2010, 07.12 horas: Una comisión policial se presenta en el paraje La Primavera para pedir por favor a los aborÃgenes que acampaban a varios metros dela ruta 86 que levanten sus chozas, porque molestan a un estanciero que declara ser propietario de esos predios y espantan a potenciales inversores extranjeros de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino.
07.17 - Los indÃgenas, tuteando al personal policial (pese a lo cual éste no reaccionó), alegan que en realidad todas las tierras de la zona son parte de una reserva aborigen que viene siendo violada por el gobierno provincial y por aventureros que se convierten, asÃ, en "propietarios" que piden desalojos.
07.26 - El personal policial explica a los hermanos aborÃgenes que es probable que tengan razón, pero que tienen que pensar que esos estancieros no pueden mirar a sus hijos a los ojos.
07.27 - Los acampantes responden que ellos sà pueden mirar a sus hijos a los ojos pero que éstos les piden comida, y que sin tierras no se la pueden dar.
07.28 - La comisión policial hace entrega de un listado de rotiserÃas con delivery.
07.29 - Los manifestantes rompen la lista delante del personal policial.
07.30 - Los uniformados de mayor fortaleza espiritual confortan a sus camaradas más vulnerables, ante el mal momento vivido, e instan a los aborÃgenes a tener una actitud más humana ante el prójimo.
07.31 - La concubina de uno de los acampantes dice que su comunidad "está podrida de ser explotada y expoliada".
07.32 - El oficial a cargo del operativo intima a la indÃgena a rectificar la palabra "podrida", por ser de mal gusto y generar un clima inadecuado para el diálogo que se estaba llevando adelante, a lo cual la sediciosa responde "que no".
07.33 - Al no tener otra alternativa, el personal policial procede a reprimir a las familias presentes, pero buscando que las postas de goma de las itakas no impacten en los algarrobos de las inmediaciones, para no afectar el hábitat de los pueblos originarios.
07.41 - La comisión reza el Ave MarÃa y se retira. Al saludar a los aborÃgenes reprimidos, éstos, en una actitud que la población sabrá juzgar, no responden.
12.16 - Una nueva delegación policial se hace presente en el lugar de los hechos, a pedido del empresario Pedro Luis CelÃa, a quien le importa el paÃs, para garantizar que no sea agredido al reclamar el desalojo de las tierras que le pertenecen.
12.19 - El aborigen Félix DÃaz, tuteándolo sin pedir permiso para ello, le dice al señor CelÃa: "Lo que vos llamás tus tierras son las que nos robaron a nuestro pueblo". El señor CelÃa le prueba que las tierras son suyas: "Están rodeadas de mi alambrado y adentro están mis vacas", le explica al indio.
12.22 - Cuando el malentendido parecÃa resuelto y el personal policial se abrazaba por el desenlace feliz, DÃaz delibera con su gente y toma la palabra para decir "de acá no nos vamos". En el rostro del señor CelÃa se nota que le han partido el corazón.
12.27 - Como era lógico que sucediera, el señor CelÃa extrae de sus ropas un arma y dispara al aire. Concretamente, al aire que rodea la cabeza de DÃaz.
12.28 - Lamentablemente, los nervios generados en el señor CelÃa por los que nada hacen, provocan que sus disparos fallen. DÃaz huye como un cobarde, en lugar de dejarse matar como un valiente. Los demás indios, en lugar de repudiarlo, arman un revuelo contra el señor CelÃa y el personal policial. Lo único que faltaba.
12.34 - Aprovechando la superioridad numérica, los hermanos aborÃgenes imitan a CaÃn y atacan a los hermanos policÃas.
18.07 - Los hermanos policÃas regresan al paraje La Primavera con otros 500 miembros de la familia.
18.11 - Se hace un llamado a los manifestantes indÃgenas a que depongan su actitud. El mensaje tiene un fuerte impacto sobre los aborÃgenes, principalmente sobre caras y espaldas.
18.25 - Un oficial cae herido de muerte por un disparo de escopeta.
18.26 - El aborigen autor del disparo se suicida de un disparo en la espalda y tres disparos más en la cabeza.
18.35 - Dos indÃgenas más intentan suicidarse del mismo modo. Uno de ellos muere horas después.
19.11 - Conscientes de lo que hicieron, varios indÃgenas se arrojan balas de goma y de plomo.
19.45 - Se procede a la desconcentración. Se vuelve a rezar el Ave MarÃa.
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