Enterada -mediante la lectura de Angaú Noticias- de que Jorge Hilton Capitanich, pensaba aprovechar el acto del 25 de Mayo para declararle su amor a Cristina Fernández, la ex esposa del señor gobernador de todos los chaqueños, Sandra Jurujujaja Mendoza, ejecutó un audaz operativo en plena ceremonia oficial con el que logró abortar los planes de JHC.
La maniobra de Sandra fue desplegada a la vista de todo el país. Primero, dibujó un gesto de espanto en el rostro de Capitanich cuando apareció en el tedeum celebrado en la Catedral de Resistencia y se aproximó a la señora presidenta de todos los argentinos para abrazarla. Si Cristina -que también lee AN- tenía alguna mínima intención de responder positivamente al avance de Jorge Hilton, en ese mismo instante habrá optado por seguir llorando a Néstor y mirar películas con Sean Connery los fines de semana.
Un plan perfectamente armado
Pero ¿qué sucedió para que pese a las fuertes medidas de seguridad instrumentadas por el gobierno provincial, la kriptonita de Capitanich se instalara a medio metro de él en el pico más alto de la agenda del 25 de Mayo, un acto que el señor gobernador venía preparando desde que tenía 9 años? Lo vamos a contar.
Sandra llegó de incógnito a Resistencia, a sabiendas de que todos los servicios policiales y la Central de Inteligencia de la Rama Masturbatoria del Partido Justicialista tienen la orden expresa de avisar cualquier aparición de la diputada nacional por el Chaco.
Capitanich ya no quiere saber nada de ella, luego de que jugara a los autitos chocadores en la playa de estacionamiento de la Casa de Gobierno en 2009, de que como ministra de Salud dijera que los 12.000 casos de dengue fueron "por culpa de los mosquitos", de que casi frustrase un desalojo de movimientos piqueteros que protestaban contra su marido y de que se acuertalara en la residencia oficial para quemar todas las camisas de él. Y bueno, todos nos podemos equivocar, che.
La legisladora ingresó a la provincia disfrazada de madera talada clandestinamente, a sabiendas de que los controles policiales fronterizos nunca ven nada de eso. Al amanecer del miércoles, vestida de ninja, trepó a la terraza de la Casa de Gobierno y allí redujo a varios agentes especiales que intentaron frenarla. Por uno de los ascensores descendió a la planta baja, volvió a atropellar vehículos (para despuntar el vicio) y se mezcló -portando gafas oscuras y peluca- con la comitiva que iba al tedeum.
Advertencias susuradas
En la ceremonia religiosa intentó colocarse con una corona de espinas sobre la cruz situada en el fondo de la Catedral, pero su secretaria sólo le consiguió una corona de bijouterie, de mal gusto. Decidió esperar un mejor momento, pero al final del oficio se aproximó a Cristina y al abrazarla le dijo algo al oído.
"Ojito", susurró después, al pasar por delante del señor gobernador.
Capitanich, sintiendo que su día perfecto comenzaba a irse al diablo, intentó apurar los tiempos. "Cristina, tengo algo importante que decirte, ¿podemos entrar un ratito a un confesionario?", sugirió él. Ella lo perforó con la mirada: "Nunca me dijiste que eras casado".
El rostro de Coqui se transformó y quedó impregnado de pesar. "Todo mal vos, eh", lo azuzó el vicegobernador Juaneff Carloff Bacileff Ivanoff. "Tranquilo, de todos modos esa chica no me gusta para vos", intentó calmarlo el obispo Sigampa.
En el palco, demostrando que un chaqueño no se rinde así nomás, el señor gobernador volvió a la carga. "¿No te querés quedar todo el día, y a la tarde en I-Sat miramos 'Rápido y furioso 3'?", le planteó a la señora presidenta mientras el Instituto de Cultura iniciaba su desfile lleno de freaks y borrachos. "¿La tres?", preguntó ella, como pensándolo.
Sandra no dejó ningún margen. En cuanto vio desde la fila más postergada del palco las cabezas de Capitanich y Fernández aproximándose en una charla que le resultaba indescifrable, apeló a una de sus armas más temibles, el codazo, para abrirse paso hacia abajo. Su avance, observado desde la plaza, donde AN seguía toda la escena con binoculares, semejaba al de una topadora limpiando un campo de zapallos. En pocos segundos SJM se plantó a la izquierda de Cristina, que a su derecha tenía a un Capitanich ya definitivamente derrumbado.
Fue el final. Como para terminar de aplastarlo, Cristina, en su mensaje, sólo habló del Néstor. ¿Llegó el momento de apuntar a Débora Giorgi?
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Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....