"Fue hermoso mientras duró". Con esas palabras dolidas y la voz entubada, Jorge Hilton Capitanich nos recibe en su despacho, donde vemos que el retrato de Cristina Fernández de Eternauta sigue siendo el principal de la oficina, aunque ahora notamos que alguien le dibujó bigotes con un marcador. El señor gobernador deja sonar los teléfonos sin atenderlos, hace zapping a ciegas en su LCD y come mecánicamente unos manÃes que le acercó su secretario.
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Este hombre herido está digiriendo el peor momento de su vida polÃtica. Desde 2007 no hizo más que trabajar por ganarse la confianza del mundo K y creÃa ser el alumno favorito de Cristina. Por eso, tenÃa una alegrÃa de niño desde diez dÃas atrás, cuando estallaron las versiones nacionales que aseguraban que iba a ser el elegido de ella para la candidatura a vicepresidente en octubre. Pues bien, la señora presidenta lo hizo esperar dos dÃas para recibirlo y para finalmente darle un "no" tan breve como devastador.
Capitanich aceptó recibir a AN con un argumento sorprendente: "Son unos turros, pero también son los únicos que no me ilusionaron diciendo que yo iba a ser. Por eso van a seguir sin pauta; les va a hacer bien", nos habÃa dicho por teléfono. Ahora despega de tanto en tanto la mirada de la pantalla para ver los preparativos con el grabador y esperar la primera pregunta.
 AN: ¿Cómo fue el encuentro con la presidenta?
-Bien, cordial, como tiene que ser cualquier reunión entre un jefe de Estado y un gobernador.
-Usted tenÃa la expectativa de ser el compañero de fórmula de Cristina. Debió ser decepcionante esperar tanto el encuentro para que luego ella le dijera que no iba a ser usted el elegido.
-Yo no me llamo una vicepresidencia. Además, mi compromiso era con el pueblo del Chaco.
-Es como si estuviera fastidiado pero se esforzara por disimularlo.
-SerÃa muy pobre de mi parte fastidiarme cada vez que cualquier boluda me diga que no a algo.
-¿Ve? Es como si hablara desde el resentimiento.
-Yo no esperaba ser el vice de esta tipa.
-¿"Esta tipa!?
-¡De Cristina, carajo! ¿Tengo que decir Cristina a cada rato?¿No puedo usar otro tipo de referencias?¿Es una monarquÃa esto o qué?¿Me tengo que agachar ante la yegua también?
-Usted sonaba en todos lados como el vice. ¿Ella le explicó qué pasó o por qué no lo elegÃa a usted?
-Nah, no le da la cabeza.
-¿Pero no se habló del tema?
-SÃ, pero... Las minas son asÃ, me dijo un montón de boludeces, como siempre. Que estaba confundida, que yo iba muy rápido, que me querÃa como amigo...
-¿Usted qué le dijo?
-¿Qué querés que le diga?¿Qué le podés decir a una hembra cuando te sale con todo eso? San Puta se la lleve. Minas es lo que sobra en el mundo. Como me dijo mi vieja, voy a encontrar alguien mil veces mejor.
-Igual, llamó la atención que usted quedara en el camino. Siempre se dijo que usted era su favorito o su mimado. Después de la caÃda de las retenciones móviles vino al Chaco, el acto del 25 de Mayo fue en el Chaco...
-Un acto que nos costó un huevo y la mitad del otro. Andá a averiguar cuánto tuvimos que pagar por los pelotudos de Fuerza Bruta para que la paseen a la boluda esa de la túnica con una grúa.
-Pero justamente, con todo eso, ¿por qué cree que usted fue dejado de lado?
-¡Y qué se yo, andá y preguntale vos qué pasó!
El ministro Pedrini se acerca. Se inclina sobre la oreja derecha de Capitanich y pretende hablar sin ser oÃdo, pero de todos modos percibimos el mensaje: "Ya está, no tiene sentido que salgas a pegar, vas a necesitar estar bien con la mina otros cuatro años". Capitanich tiene el rostro surcado de tensiones.
-Vuelvo a una pregunta anterior: ¿De qué hablaron, entonces?
-De lo de siempre.
-¿Obras públicas, la campaña, las listas de diputados?
-No, de Néstor. Asi tengo las bolas con Néstor. Encima ni lo nombra, todo es "si él estuviera dirÃa esto", "yo sé que él me va a hacer ganar en primera vuelta", "ayer lo sentà muy presente en la bicicleta fija", y asà todo el tiempo. Encima enseguida se pone a llorar. Podrido me tiene.
-Pareciera que eso lo afecto mucho.
-No me afecta una mierda, me infla las pelotas nomás. Toda la secundaria me pasé siendo el boludo al que todas las minas querÃan pero sólo para llorar mientras me contaban que otros compañeros las habÃan culeado y después ya no les daban más bola. Después, cuando se ponÃan bien, nada. Ni un pico, un pete, nada.
-A veces pasa.
-¡Es que no puede ser, viejo, me viven cagando! (Pedrini hace señas agitadas desde detrás nuestro, con gestos de calmar las cosas) ¡Me viven cagando, sÃ, lo voy a decir y se van todos al carajo!¡Todos y todas, como dice la tarambana ésta!
-Ok, gobernador, gracias por recibirnos.
-Al final resulta que la única que me quiso bien fue Sandra.
-La nota saldrÃa hoy mismo.
-Porque por lo menos no me embaucaba. Y no era tan mala, tampoco, por ahà yo nomás que me aceleraba mucho. Me pegaba porque me querÃa, ahora me doy cuenta.
-La vamos a subir en el portal, con audio si podemos.
-Me quemó todas las camisas un dÃa, sÃ, pero ¿quién alguna vez no tuvo una esposa que dijo por todos los medios que uno es poco hombre y que reventó autos en un estacionamiento con una camioneta oficial?
-Va a ser seguramente el tÃtulo principal del dÃa.
-TenÃa sus cosas, como cualquiera.
-Gracias, gober.
-Y me fajaba con un cinto con tachas, sÃ, pero ella misma me hacÃa las curaciones después.
-Hasta luego.
-Hasta colonia Pibe's me ponÃa. Y talquito.
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Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....