Por estos días un aluvión de críticas, repudios y expresiones desubicadas (puteadas, bah) caen sobre los laboriosos hombros de los diputados peronistas y radicales del Chaco. ¿El motivo?: que crearon la estructura de la Defensoría del Pueblo, apenas con 17 años de demora con respecto a la reforma constitucional que ordenó conformar ese organismo, y que, ya que estaban, al toque nombraron a hijos y otros parientes como ocupantes de esos puestos de trabajo en el Estado. Cuando la maniobra tomó estado público, lejos de avergonzarse, se indignaron con la reacción social y explicaron que sus parientes y amigos son "reconocidos profesionales" que van a brindarle a la defensoría un servicio de la puta madre (esto significa que muy bueno, ojo).
Esa defensa de los legisladores indujo expresiones todavía más airadas de parte de figuras de otros partidos políticos, gremios, organizaciones sociales y ciudadanos. Y sin embargo, ahora un estudio científico les da razón a los señores representantes del pueblo. El trabajo, elaborado por investigadores y académicos de distintas universidades determinó que los hijos de diputados están genéticamente más capacitados para ocupar vacantes en el sector público.
"Son seres con una gran capacidad de adaptación, como sus progenitores, que cuando asume un presidente dicen de él que es el líder más maravilloso que haya existido en el planeta, pero cuando ese mismo presidente cae en desgracia y lo tumban o pierde las elecciones, destruyen todas las fotos que se sacaron junto a él y dicen del nuevo jefe de Estado que desde siempre lo vieron como el más indicado para reemplazar al tirano que conducía a la nación", explicó Natalio Vigo, jefe del equipo que trabajó en el tema.
Cualidades superiores
El equipo trabajó sometiendo a diversas pruebas a un grupo de 500 personas comunes y silvestres y otros 500 que son hijos de diputados, funcionarios y magistrados. Los resultados muestran fuertes contrastes entre unos y otros:
Los ciudadanos comunes tienden a laburar entre ocho y doce horas por día.
Los otros trabajan de dos a tres horas, y con eso el Estado gasta mucho menos en energía eléctrica, teléfonos, bizcochitos con queso, agua, papel y repuestos para bidet.
Los ciudadanos comunes marcan tarjeta.
Los otros no, generando ahorros en cartulina y menor tala de árboles para la fabricación de papel y derivados.
Los ciudadanos comunes estudian en colegios y universidades públicas.
Los otros no, o no estudian, con nuevos ahorros que no es necesario explicar.
Los "hijos de" entran sin presentar currículum.
Los otros sí, y los colocan en carpetas de plástico que luego, al ser desechadas, llegan a los basurales de las áreas urbanas y contaminan el medio ambiente.
Los ciudadanos comunes reclaman salarios en ruidosas y molestas manifestaciones que obstruyen servicios y a veces cortan la circulación por la vía pública.
Los otros reclaman salarios en la cena familiar.
Los ciudadanos comunes atacan a las autoridades ante cualquier conflicto.
Los otros dejan de avisarles que empezó la película de Telefé.
Los ciudadanos comunes hacen perder el tiempo a los funcionarios con audiencias en las que plantean sus reclamos.
Los otros sólo ponen un ratito en pausa el dvd de la casa.
Los ciudadanos comunes incrementan los gastos en telefonía para comunicarse a diario con sus familiares.
Los otros sólo caminan hasta el despacho de papá o mamá.
Ampliaremos.
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