El general Ernesto Alais, aquel jefe del II Cuerpo de Ejército -con asiento en Rosario- a quien Raúl AlfonsÃn encomendó reprimir el levantamiento carapintada de la Semana Santa de 1987, dijo lamentar profundamente el deceso del ex presidente "porque justo estábamos llegando a Campo de Mayo".
De ese modo, Alais puso fin a uno de los mayores interrogantes de la polÃtica argentina de los '80, ya que en los tensos dÃas de aquel levantamiento militar, Alais habÃa recibido la orden de avanzar sobre los sediciosos que respondÃan a Aldo Rico, y aunque el gobierno informaba que el jefe militar "avanzaba hacia Campo de Mayo", la rebelión se resolvió sin que jamás aparecieran las tropas supuestamente salidas de Rosario.
Un cronista de AN al que se le encomendó la cobertura del adiós popular a AlfonsÃn se encontró con Alais casi por casualidad. El general, subido a un tanque, tenÃa un rostro marcado por la desazón, tanto como los hombres de verde que lo rodeaban y que observaban con mirada perdida el desfile de ciiudadanos que daban su último adÃos al ex presidente.
"No te puedo creer que murió AlfonsÃn. Al pedo nomás vinimos", bufó Alais, golpeando su handy con un largavistas. "Veintidós años pelotudeando para nada", agregó.
De acuerdo a lo que pudo reconstruir AN, Alais salió de Rosario en la Semana Santa del '87 rumbo a Buenos Aires. Contra lo que se supuso entonces, el militar no se escondió a la espera de que Aldo Rico acorralara al gobierno radical, sino que estaba decidido a reprimir la acción carapintada.
"Lo que pasa -explicó mientras a su lado pasaba Lilita Carrió saludando como una reina de la primavera- es que ir directo de Rosario a la Capital era el camino lógico, el que ellos iban a esperar que hiciéramos. O sea que era fácil tendernos una emboscada. Entonces me acordé de la escuela primaria, cuando nos enseñaron que Colón descubrió América porque querÃa demostrar que a las Indias se podÃa llegar por Oriente y por Occidente".
El resultado fue que Alais decidió llegar a Buenos Aires "no yendo para el sur, que era la lógica, sino yendo para el norte. Yo a mis tropas les dije: 'Si la Tierra realmente es redonda, vamos a cruzar toda América a lo largo, vamos a pasar por el Polo Norte, vamos a salir por el otro lado y vamos a empezar a bajar otra vez hacia el sur. Ahà vamos a pegar la vuelta en el otro polo y vamos a empezar a subir hacia la Argentina. O sea que vamos a llegar a Campo de Mayo cruzando toda la Patagonia'. Los muchachos creo que no entendieron, pero me hicieron caso y nos pusimos en marcha".
Alais dice que el viaje, hecho en tanques, "se hizo lento, lentÃsimo. Me acuerdo que ya llegar a Paraguay fue todo un embole, y ahà ya muchos desertaron, aprovechando que yo no podÃa estar en todo. Cuando llegamos a Canadá ya me quedaban treinta tipos nomás, de los 400 que éramos al principio".
Lo peor, sin embargo, dice que estuvo en ambos polos. "El hielo es una cagada para los tanques, y cuando se te quedan es difÃcil empujarlos, porque uno patina", explicó, repitiendo con sus pies los movimientos deslizatorios a los que se referÃa.
El general contó que los últimos cien kilómetros antes de la Capital Federal "se hicieron interminables. Recién ahà empezamos a sintonizar radios argentinas de nuevo, y escuchamos que habÃa mucha gente concentrada por AlfonsÃn. Entonces nos quedamos tranquilos, porque pensábamos que el quilombo de Semana Santa seguÃa y que la gente continuaba concentrada en Plaza de Mayo para repudiar la sublevación. Ni nos imaginábamos que era por el velorio".
Con esa idea en la cabeza, Alais tuvo que vivir el papelón de llegar a las proximidades del Congreso y encontrarse allà con Federico Storani. "Le dije que tenÃa que hablar urgente con AlfonsÃn para coordinar las acciones, y ni me contestó -contó el militar-. Gente que habÃa cerca me entró a putear, diciéndome que cómo iba a preguntar por AlfonsÃn. Entonces vi la formación de granaderos, el carro fúnebre, y caÃ. Cuando volvà adonde habÃamos dejado los tanques, no sabÃa cómo decirles a mis hombres lo que habÃa pasado. Por supuesto que me mandaron a la recontra concha de la lora".
Extenuado por su propio relato, Alais se dispuso a volver. "Vamos a regresar por donde vinimos. Ir directo de Buenos Aires a Rosario serÃa la lógica, y si quedó algún resentido de aquella Semana Santa, nos puede pasar cualquier cosa", explicó, mientras volvÃan a escucharse maldiciones de todo callibre entre sus valientes.








Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...