La conversión de la Argentina en uno de los destinos preferidos del turismo sexual mundial ya comenzó a mostrar sus aspectos negativos, a raÃz de excesos que generan gruesos interrogantes acerca de adónde irá a parar la impetuosa llegada de hombres y mujeres que llegan a nuestro paÃs con la idea fija de dedicarle a enhebraciones de todo el tipo el tiempo que antes era para museos, paseos y shoppings.
"Es cierto, estamos teniendo algunos inconvenientes. Por ejemplo, hay gente que hace turismo sexual y llega al paÃs tan mentalizada con la idea de que sus dÃas en la Argentina serán un desenfreno total, que no mide determinadas cuestiones de respeto y ubicuidad. Por ejemplo, es común que estas personas, al arribar por vÃa aérea al aeropuerto de Ezeiza, ya se quieran clavar a los empleados de Aduanas que hacen el control de valijas", comentó un funcionario de la SecretarÃa de Turismo.
"Lo peor -agregó- es que esta gente no se queda con un 'no', y es muy insistidora. Además, como ofrecen dólares o euros, la tentación en nuestra gente es grande. Por eso más de una vez hubo que intervenir porque se armaban matraqueos colectivos en plena cinta transportadora de equipajes".
El funcionario contó que situaciones similares "también se dan fuera del aeropuerto. Lo más tÃpico es que paguen los platos rotos los pobres taxistas. Muchos tacheros reconocen que por hacerse un extra, durante todo el viaje hasta la ciudad van peteando a turistas holandeses, daneses, belgas y otros calentones de mierda que llegan a nuestra querida Patria. Es algo lamentable, además de que favorece la producción de accidentes de tránsito".








Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...