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Los valores y dimensiones de decir "Te amo"

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(Especial de Remiul Ristanic para Angaú Noticias, desde Macedonia) - La gente suele tener una visión casi militante del Amor. Sobre todo las minas. Les preguntás qué es y te contestan con un poema o te lo grafican con señas. O balbucean. Como no hay una buena definición de Amor, una que deje contento a todo el mundo, hay autodidactas que dominan el arte de hacértelo entender con rodeos, con la mayéutica o la hipnosis, o si es necesario a los golpes.

Por ejemplo, te dicen: “¿sentiste alguna vez la panza llena de mariposas?â€. “Síâ€, pensás, “cuando voy a rendir un examen o en una entrevista de trabajoâ€. Sabés que en general esas maripositas se corporizan en unas entidades amarronadas, licuiscentes, aromáticas, y se estampan en el fondo del inodoro. Eso no es amor, te consta. El experto insiste: “¿te pasó que no podés concebir el mundo sin la presencia de esa personita?â€. “Ah, ya entendí, graciasâ€. O sea: el Amor es como una esencia; se define por las huellas que deja, por las maripositas, por la melancolía y por una montaña de sensaciones que no son Amor propiamente, sino sus epifenómenos.

Menciono esto porque hablamos de formas de declarar el Amor, que es como una constante en los levantes. El “Te Amo†parece la bomba de hidrógeno que reservás para cuando se agotan las vías pacíficas de resolución de conflictos. Lo cuidás como si fuera una poción narcótica porque te hicieron creer que funciona, pero es mentira. La verdad es que las estadísticas sólo cuantifican los “Te Amo†exitosos, y barren bajo la alfombra los que fracasan, que son la mayoría.

En otras palabras, si la Naturaleza no te dio al menos tres de los cinco miembros que tenés que tener como hombre, o al menos una de las dos tetas que en parte te definen como mujer; si para colmo no te dio un pasar económico digno, entonces ya sabés dónde podés meterte los “Te Amoâ€.

En este caso el experto diría: “No, flaco, te equivocás. Justamente el Amor florece en la adversidad; allí donde todo parece gritar ‘aléjate porque tendrás que empujar su silla de ruedas durante décadas’, el Amor hace milagrosâ€. Y uno está de acuerdo siempre y cuando ese bello sentimiento le toque al vecino. Lo que pensamos, en cambio, es: ¡Quiero la mina más linda, inteligente y perra en la cama! ¡Quiero un tipo que me haga sentir viva, que me haga estallar con una caricia! ¡Quiero levantarme todos los días y sonreir porque la mujer más alucinante del mundo duerme a mi lado! ¡Quiero un chabón que con una mirada me descifre, y que aún así me siga considerando un enigma digno de descubrir! A ver: si se te acerca un tipo con psoriasis, te sonríe y te susurra un “Te Amo†pegajoso, ¿te derretís? No jodamos: ¡sólo se requiere una oreja con cera visiblemente endurecida para que el más romántico de los prospectos se transforme en sapo!

Pero también hay otro componente en el cortejo: la experiencia, que nos conduce directamente al tenebroso escenario de las pautas generacionales como el “Sistema Adolescente†mencionado por Matecocido. Así, fracaso tras fracaso (porque, mal que nos pese, a las relaciones “terminadas†podemos considerarlas fracasos; y no me vengan con “Fue hermoso mientras duróâ€); fracaso tras fracaso, decía, nos vamos endureciendo como la cera de la oreja del roñoso del que hablaba antes. No es lo mismo el “Te Amo†de los veinte que el de los treinta. De hecho este último supone otros compromisos. Y no es lo mismo el de los cuarenta.

Con los años, en un momento dado el sexo se da por descontado. Ninguno de los dos lo menciona pero es claro que no van a pasarse seis meses dándole vueltas al asunto. El “Te Amo†tal vez sobrevenga más tarde, pero si no funciona en la cama… en fin, no funcionará en el supermercado.

Por lo demás, si tenés el privilegio de coquetear con una mina diez o quince años menor, ya sabés que estás más allá de sus expectativas; ya sabés lo que no tenés que decir y especialmente lo que sí. Eso te pone en un lugar ventajoso pero también marca la asimetría que hay en la relación de poder que se establece. Horrible.

En fin, todos sabemos que con Fulana o con Mengano hay onda. Hay o no hay. Punto. Escenificamos el acercamiento, el contoneo, el conjunto de huevadas que años después y si la cosa funciona servirá para contarle a nuestros hijos cómo nos conocimos, fuimos felices y comimos perdices. Eso es todo.

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Actualizado ( Miércoles, 22 de Julio de 2009 01:57 )  

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