El proceso de conocer a una mujer que nos interesa, es también, al mismo tiempo, el de mostrarnos a ella. Y asà como uno irá sacando conclusiones y tomando nota de caracterÃsticas y actitudes, lo mismo hará la otra parte.
Por eso, oh, amigo, es importante tener en cuenta algunas consignas importantes que ayuden a aprobar el examen. Porque asà como hay cosas que conviene no hacer, hay otras que, definitivamente, en caso de ejecutarlas, te restarÃan más puntos que ser pariente de Hugo Moyano.
Es decir:
No incurrir en una efusividad que pueda ser malinterpretada. Si bien cuando un hombre empieza a conocer a una mujer, ya tiene definido si ella le gusta o no (el caso del tipo que se engancha con una mina que "al principio no le interesaba para nada" es prácticamente inexistente), es importante que, si hay una atracción de por medio, ésta sea disimulada en todo lo posible, o que al menos sus manifestaciones sean dosificadas.
Hay que tener en cuenta que, por extrañas razones que seguramente serán halladas alguna vez por los quÃmicos y que no son necesarias de conocer ahora, una mujer solamente se interesará por hombres que no demuestren deseo de conseguirlas, mientras que quienes sà emitan señales de tal anhelo quedarán condenados eternamente a la indiferencia o a la nefasta "linda amistad" que ellas prodigan a quienes nunca tendrán derecho a empomarlas.
Es decir que es válido lanzar de tanto en tanto expresiones del tipo "no puedo creer lo linda que sos" o "verte siempre me impacta", pero de ningún modo deben soltarse expresiones tales como "es impresionante lo bien que te marca ese vaquero el ojete" o "desde ayer que pienso en vos, porque enfrente de mi casa habÃa dos perros abotonados". Desista de tales confesiones. La sutileza es la norma.
Sea discreto en el contacto fÃsico. En el saludo que inicia cada encuentro, y en el de la despedida, sea medido. Es preferible que quede como un hombre frÃo, antes que como un baboso. Por consiguiente, renuncie al penoso truco de dar el beso en la mejilla torciendo y estirando su boca para lograr que sus labios logren contacto con los de ella haciéndolo pasar por un accidente. Tampoco simule tener poco espacio al pasar por un pasillo para "bultearla" rozándole el traste con la garompa, y mucho menos utilice el lamentable chiste de preguntarle "¿Te puedo tutear?", para después, ante su respuesta afirmativa, apretarle una teta haciendo el sonido "¡Tutuu!" de una bocina.
Hable de amistad, pero no la tome por boluda. Cuando el interés de "llegar a algo" no es recÃproco, el primero en advertirlo es el hombre, quien tiene enfrente dos caminos: o se resigna a esa falta de correspondencia y desiste, o se rebela al destino y hace un último intento, que consiste en tratar de llegar al objetivo planteando una "amistad especial", que expresada de ese modo pasa a tener una frontera deliberadamente ambigua, ya que no se llega a establecer qué diferencia hay entre ese lazo y una amistad común y silvestre.
AsÃ, el malandra dirá más de una vez "quedate tranquila, que yo no quiero tener nada con vos", pero con escasa diferencia de tiempo planteará ciertos derechos o privilegios en nombre de la supuesta amistad especial.
Cuidado, hay que saber manejar esos códigos, porque la mujer puede llegar a aceptar (a veces a gusto, a veces embolada pero sin ganas de armar quilombo) abrazos franeleadores y manoteos accidentales que en realidad están más calculados que un edificio, pero responderá con mandadas al carajo si se le solicitan franquicias mayores.
Por eso, si los intereses no son los mismos, evitar recursos que no logran ocultar sus segundas intenciones, como el de pedir "dormir juntos la siesta" (para luego, si ella accede, pedir al toque "que sea sin ropa jijiji"), proponer duchas compartidas o solicitar, como si se estuviera pidiendo un Ibupirac, "peteame un poco que me duele mucho la cabeza".
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No caiga en alianzas miserables. Sea un hombre cabal, carajo, no trate de suplir la falta de capacidad de seducción y/o suerte con patéticos acuerdos con amigas de ella ("hablale bien de mÃ, y tirale mierda al flaco que le gusta") o con su familia (repugnante plan en el que hay regalos-coima a su madre y otras agachadas universales). De ese modo, sÃ, se podrá lograr, quizás, la meta, pero el alma del sujeto queda irremediablemente perdida.
Trate de no ser usted mientras ella no esté totalmente ganada. Recuerde siempre esto: usted no es interesante, sólo lo es el personaje que creó para tratar de levantarla. Entonces, no permita, bajo ningún concepto, que el verdadero usted aparezca en escena y lo arruine todo. O sea, nada de llevarla a cenar y a los postres sacarse cera de las orejas con un escarbadientes, ni de "juntarse a mirar una peli" llevando una porno con séxtuples penetraciones, ni de esa gracia berreta de saludarla diciendo su nombre con un eructo.
Y vosotros/as, ¿qué otros consejos agregarÃais?
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...