El Mundial de Sudáfrica está en marcha, y ello expone de manera contundente que es otro torneo planetario de fútbol que encuentra a la Argentina sin que el Estado haya previsto ningún tipo de política pública o medidas tendientes a paliar la presencia de mujeres en los horarios de partidos.
"De nuevo somos víctimas de un Estado que está ausente en los grandes temas, y hay millones de seres humanos que por eso deben sufrir reclamos fuera de lugar, preguntas ridículas y comentarios incongruentes por parte de esposas, novias, madres, hermanas y otras mujeres", señaló Pablo Llamas Bantuer, presidente del MLMAM (Movimiento por la Liberación del Macho Argentino durante Mundiales).
Derechos violentados
La organización había presentado ya a partir de 1985 sucesivas solicitudes -acompañadas de miles de firmas- reclamando a las autoridades nacionales y provinciales, de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, medidas que permitan "un goce pleno del derecho humano básico a disfrutar en paz de cada Mundial de Fútbol". El pedido se fundamentaba denunciando situaciones como las siguientes:
* La mujer no logra entender -y la experiencia demuestra que jamás lo logrará- que en un Mundial los partidos de Argentina no son los únicos que importan, y que es necesario ver y disfrutar en calma no menos del 80% del total de encuentros que se realizan en el torneo. Frases del tipo "¿Y a vos en qué te cambia la vida el resultado de Italia-Alemania?" no hacen más que demostrar que estos seres se encuentran genéticamente imposibilitados de saber de qué se trata un Mundial.
* Tampoco son capaces de asimilar que la vida útil de un jugador de fútbol para la competencia internacional se agota antes de los 35 años en el 99% de los casos, y que entonces no tiene sentido preguntar, por ejemplo, en el Mundial 2006, "qué pasa que no están ni Ardiles ni Houseman".
* Demuestran total falta de códigos al convertir las justas deportivas en orgías mentales, con preguntas del tipo "de qué país son los que tienen los muslos gruesos".
* La ciencia jamás pudo confirmar dos cosas: que haya vida en otros planetas ni que haya mujeres capaces de entender en qué consiste la ley del offside.
* Sólo el amor que se les tiene permite que el hombre responda con silencio a destemplados gritos del estilo "¡dale, pateá al arco de una vez!", dirigidos a centrales que recién están saliendo de sus propias áreas y están a sesenta metros del arco contrario.
* Similar situación que la anterior se produce cuando un delantero recibe una pelota sobre la línea de fondo, casi cerca del banderín del corner, con el área repleta de defensores, y ellas gritan histéricamente como si el jugador estuviera mano a mano con el arquero y en el punto del penal.
* Ni que hablar de cuando uno está sangrando un gol en el arco argentino y ellas intentan un consuelo diciendo cosas como "no importa, por lo menos nosotros no somos tramposos como ellos, que patean fuerte al arco".
* Y definitivamente lacerante el haber tenido que soportar, tras la derrota por penales con Alemania en 2006, la pregunta sobre "y ahora contra quién tenemos que jugar".
Por todo ellos, entre otras medidas, el MLMAM solicita que el Estado contrate servicios gratuitos de trenes para traslados masivos de mujeres hacia campamentos de alojamiento femenino desde la semana previa al inicio del Mundial, hasta una semana después. "Un ser humano promedio tiene la posibilidad de ver en su vida, como mucho, unos 16 mundiales. No es justo malograrlos por el penoso accionar de terceras", expresa la solicitud.
Y tú, oh, lector, ¿qué otros crímenes has padecido?
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Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...