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Encontramos al italiano que mandó a hacer una muñeca inflable idéntica a la novia que lo abandonó

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La noticia de que un cincuentón italiano mandó a fabricar una muñeca inflable pidiendo que la hicieran idéntica a la novia que lo había abandonado, fue tomada con sorna en muchos medios terrícolas. Sin embargo, a nadie le interesó ocuparse del profundo amor y el intenso drama ocultos detrás del episodio. Sólo, claro, a AN.


El informe que leerán a continuación no fue de realización sencilla. Para dar con el tano de corazón roto había pocos datos. Sólo se sabía que es un empresario de 50 años, que vive en San Vediamo, que pagó 18.000 dólares por el amor eterno, que solicitó que replicaran a su amada con más tetas y culo que la versión original y que duerme poco. Bueno, esto último no era seguro, pero nos imaginamos que con la semejante leche con la que se quedó, seguro padece insomnio.

Sin embargo, la tenacidad y el talento argentino para la coima nos permitieron dar con él. Se llama Giovanni Testacurta, pero nos pidió mantener su nombre bajo estricta reserva. Por eso, nos referiremos a él sólo mediante sus iniciales, G.T.


Un hogar en reconstrucción


Por una agobiante soledad, o simplemente descolocado por la sorpresa de verse hallado, el hombre nos invitó a pasar al interior de su vivienda, una coqueta casa de dos plantas. Era el momento del almuerzo, y pudimos ser testigos de la tensión existente entre Giovanni y sus hijos: Paolo (28), Ornella (24) y Dino (19).

En la mesa nos sentamos junto a Ornella, dueña de una mirada cautivante y de un par de gomas que nos impidió acertar siquiera una vez algún capeletti con el tenedor. En el otro lateral, los dos muchachos. En la cabecera, Giovanni y Faustine, la nueva integrante de la familia.

En un momento, nos distrae un extraño detalle: Giovanni trata de cortar su peceto con dos cucharas. Él se da cuenta y nos explica: "No uso cuchillo ni tenedor, la llego a pinchar por accidente y me corto las bolas". A nosotros nos sale esa maravillosa picardía argenta de los poros: "¿Y acaso no la compró para pincharla? Jio jio jioooooo". Los hijos nos dirigen una mirada de furibundo odio.

Comemos unos minutos en silencio, sólo los utensilios y las masticaciones se hacen oir. Nos damos cuenta de que si no metemos la cuchara (valga la metáfora) se nos va a morir la nota.

AN: Disculpen, una pregunta que por ahí cae incómoda, pero ¿fue difícil aceptar a... Faustine?

Los jóvenes no nos miran, se observan entre ellos, paralizan sus brazos de repente. Giovanni toma la posta para diluir el pesado silencio.

GT: Yo creo que en una familia siempre los cambios son difíciles. Ellos siempre fueron muy pegados a la madre, pero yo de ella me separé hace diez años y se fue a vivir a Dinamarca. Después llegó Caterina, esta chica con la que estuve de novio varios años, y ellos se pegaron mucho también a ella. Era una buena persona, no lo voy a negar, pero muy inflexible.
Paolo: Claro, ésto que tenés al lado sí es más flexible, ¿no?

Giovanni suelta las cucharas y hace un gesto de fastidio. Nos mira como pidiendo que comprendamos su martirio.

Ornella: Caterina no era inflexible, era muy buena y muy abierta, pasa que un día encontró a papá acostado con mi Barbie.
GT: ¡Ornella, basta!¡Mill veces expliqué que yo no busqué que pasara eso, ella me venía provocando y provocando!

La tensión crece. Hasta nos cuesta pedirle a Paolo que nos pase el queso rallado.

Dino: Yendo a tu pregunta, no, no es fácil, sobre todo porque él se empeña en normalizar una relación que no es normal.
GT: ¡Quién puede decir lo que es normal  y lo que no!
D: ¡Yo te puedo decir que no es normal, porque soy el único pelotudo que en el colegio tuvo que soportar que a las reuniones de padres vayas vos con la muñeca!
GT: Desagradecido, si supieras cómo te defiende...

Ornella tira la servilleta sobre el plato, y sale raudamente de la sala. Por nuestra posición, no le podemos espiar el culo. "Tranquila, tranquila... todo se va a ir acomodando", le dice Giovanni a Faustine.

AN: Algo que llamó la atención fue que si bien lo suyo parecía raro pero en cierto modo romántico, hubo una cuestión, digamos, banal, que fue su pedido de que le hicieran tetas y culo más grandes a la muñeca.
GT: Eso fue sacado de contexto por los periodistas. Es cierto, pedí eso, pero eran dos elementos más en una lista larga. Pedía más tetas, más culo, pero tambíén que le gustaran las películas de Franco Zeffirelli, que manejara bien Excel y Word, que leyera a Milan Kundera, que prefiriese las montañas al mar y que entendiera la ley del offside.

Si algo se nota en este hombre, es el amor. De tanto en tanto, el esfuerzo que debe hacer para cortar la carne con las cucharas, le hace pegar un codazo a Faustine, derribándola de la silla. Entonces él deja de comer, se inclina y la levanta con infinita ternura, pidiéndole disculpas y mimándola.

AN: ¿Cree que sus hijos van a aceptarla alguna vez?
GT: Sí, estoy seguro, ella es toda bondad. ¡A Paolo le salvó la vida!
Paolo: No me salvó, me metí en la parte profunda de la piscina y, como no sé nadar, me prendí a ella.

Giovanni nos mira, levanta las cejas, y se mete un cucharazo de peceto. Los muchachos se retiran, dejando sus platos casi llenos. Giovanni palpa las tetas de Faustine, y un gesto suyo nos indica que algo no lo convence. Entonces busca algo en un modular, y vuelve con un inflador en la mano.

Luego de bombear aire a su amada, y dejarla de nuevo impecable, se seca la transpiración de la frente, y con el rostro todavía enrojecido por el esfuerzo, nos dice orgulloso:
-Me gusta estar con ella, me da paz, es una relación muy oxigenada.


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Actualizado ( Martes, 14 de Septiembre de 2010 00:09 )  

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