La lucha por el posicionamiento personal en nuestro ámbito de relaciones es más mucha que cruel. Por eso, uno sin darse cuenta termina siendo su propio jefe de marketing, ciencia que como todos saben consiste en mentir pero sin culpa. Si todos los presidentes y gobernadores que hemos tenido lo hicieron y no les pasó nada, ¿por qué privarnos nosotros del recurso?
Claro que los alcances son más modestos, pero la demanda de ingenio, espontaneidad y sentido de la oportunidad son parecidas. Pasa en todo tipo de situaciones, a las que adornamos con mentiras piadosas y no tanto. For example:
Te encara un amigo y te dice: "Che, boludo, vi el otro dÃa que tu mina te pasó a buscar por la canchita, y que se reputearon en el auto".
Tu respuesta: "SÃ, me fue a pedir plata para unos remedios de la madre, y le dije que no iba a tolerar más que invadiera espacios y momentos mÃos, como los que comparto con mis amigos, que son una pieza clave de mi vida. Asà que le dije que si no va a respetar eso que es sagrado para mÃ, mejor no vernos más".
La verdad: Ella te cayó en pleno partido para reputearte "porque siempre estás con estos pajeros en vez de darme más bola a mÃ", por lo que te comunicó que te colgaba en ese instante. Vos, gimoteando, le dijiste: "No, Moni, porfi porfi porfi, te juro que no vengo más, mirá si te viá cambiar por estos fracasados de mierda".
Un compañero de trabajo te aborda: "Ey, Néstor, escuchamos todos hoy los gritos después que entraste al despacho del jefe. ¿Qué pasó?".
Tu respuesta: "Y no, pasó lo que tenÃa que pasar, Roly. Me tiene las bolas hasta el piso. Me quiso bardear porque no se entregó a tiempo el laburo que iba a Rosario, y le dije que si él no se organiza nosotros no tenemos por qué pagar su incompetencia e ignorancia. Yo veo cómo vos te rompés el orto, y todos los demás. Rojo se puso. Pero que se la banque, viste".
La verdad: Cuando tu jefe te empezó a relajar, vos le dijiste: "Señor, usted tiene la razón, pero la culpa es de Roly y los otros. ¡No les gusta laburar, señor! Y de paso, le querÃa pedir permiso para venir los domingos a ayudar un poco".
Te dice un vecino: "¿Qué pasó con el carnicero? Me dijeron que lo trató mal a tu nene".
Tu respuesta: "SÃ, no sabés cómo me puse. PepÃn le dio un pelotazo a la ventana de su negocio, y él salió y le dijo de todo: pendejo de mierda, pajero, maricón. No se le dice eso a un nene, viste. Asà que lo encaré y le dije que saliéramos a la vereda porque le querÃa desfigurar la jeta. N-no-no-no va a volver a p-p-p-asar, me dijo. Pero la próxima lo mato, te juro".
La verdad: Fuiste a hablar con el carnicero y diste mil vueltas antes de preguntarle qué pasó. El tipo, sin dejar de atender a la gente, volvió a decir las mismas barbaridades de tu pibe y encima sugirió que eras un reverendo pelotudo. Vos, mientras mirabas cómo cortaba un lomo, le dijiste: "Voy a hablar con él, Don Tito, pero no es culpa del chico, sino de mi mujer, que es muy trola".
Los están por rajar a todos en tu laburo, entonces toman la oficina y amenazan con hacer quilombo. Cae la cana, y te mandan a vos a ver qué onda los tipos.
Tu versión: "Dicen que tienen orden de desalojar por la fuerza si hace falta. Les dije que hagan lo que se les cante el orto, pero a nosotros nos dejan acá o nos sacan muertos". A tu alrededor, tus compañeros te palmean y gritan sapucais.
La verdad: Ni bien te acercaste a los canas, le dijiste al encargado del operativo: "Oficial, no nos metan a todos en la misma bolsa. Los quilomberos son el de camisa verde y el que tiene la corbata atada en la frente".
VenÃs saliendo con una mina separada, y un dÃa te cae a tu casa el ex. Ella, al enterarse, te urge a contar lo que pasó.
Tu versión marketinera: "Mirá, me salió con que la corte con vos, que él seguÃa enganchado, que patatÃn, que patatán. Yo lo escuchéeeee nomás. Cuando terminó, le dije: 'Todo bien hermano, pero ahora es mÃa. Si te gusta, bien, y si no, te paso por correo fotos de cuando me la empomo, para que por lo menos te puedas hacer una paja".
La verdad: El vago te adelantó que te iba a partir en ocho la jeta si seguÃas con la mina, y vos le dijiste: "Mirá... bueno, no sé si te puedo tutear. ¿Puedo? Ok, mil gracias, eh. La verdad que yo no me querÃa meter con ella, pero me buscó tannnto, viste, que terminé cayendo. Yo la cogÃ, no te voy a negar, pero un poquitito nomás, y te juro que de ahora en más me hago el boludo hasta que ustedes se arreglen. Y después, si querés, les pago dos semanitas en Bariloche. ¡Vas a ver que todo va a ser mejor que antes!"
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Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....