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El Frente Popular por la Sinceridad y un Día del Niño distinto: en vez de una "chocolateada" organizó una tongueada de criaturas en distintos barrios

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Lejos de las hipócritas "chocolateadas" con que peronistas y radicales pretenden lavar su desdén por la infancia en riesgo, el Frente Popular por la Sinceridad organizó para este Día del Niño una tongueada masiva de criaturas en distintos barrios de Resistencia. Los padres respondieron generosamente a la propuesta, llevando a sus pequeñuelos a los centros de tongueo habilitados por el FPS.


 

"Nos movilizó una doble motivación. Por un lado, marcar diferencias con los partidos mayoritarios, que creen que por darle una taza de chocolate porongoso a los chicos un día al año compensan que el resto del tiempo les importen un sorete los pibes que manguean monedas en los semáforos o que se bolsean en las plazas a la vista de todos. Por otra parte, también les queríamos dar un canal de expresión a esos padres a los que el sistema les hace sentir que les tienen que regalar algo a pendejos que en realidad se merecen una hermosa pateadura en el orto", explicó Livio Koprosiuk, secretario de Inacción Política del FPS.

El domingo pasado, la ansiedad de los organizadores era mucha, por ignorar si la propuesta partidaria tendría eco o no. La convocatoria era simple: los padres podían llevar a sus chicos a los lugares habilitados, dejarlos en manos de tongueadores formados en ese oficio y luego disfrutar la lluvia de cocochos sobre las testas de los mocositos de mierda.

La expectativa del Frente se superó ampliamente, ya que Koprosiuk dice que unos 82.000 niños fueron llevados por sus papis. "Incluso detectamos que algunos papás y mamás picarones llevaron a sus nenes a más de un centro -contó con una sonrisa cómplice-. Pero bueno, son las cosas que siempre pasan en ocasiones así, y en realidad nos da satisfacción la magnitud de la respuesta popular".

 

Una verdadera fiesta

 

AN estuvo presente en el centro de tongueo instalado por el FPS en Villa Luzuriaga, para ver en detalle cómo funcionaba el servicio y qué respuesta obtenía de la gente. Bajo una pequeña tienda instalada en un rincón de la canchita de fútbol situada sobre calle 17, a una cuadra de la avenida Castelli, don Nicasio Cañete, el tongueador a cargo de ese puesto, comenzó a las 7.50 a recibir a niños y padres que aguardaban desde un rato antes.

En la fila era evidente la contraposición de intereses. Los padres charlaban animadamente y se esforzaban por mantener bajo control a sus hijos, sujetándolos por los brazos y los cuellos de remeras y camisetas, mientras que, en cambio, los menores forcejeaban entre berridos, pataleos, promesas de mejores comportamientos y chillidos apelatorios.

El primero en llegar al escritorio de don Cañete fue Juan Carlos Reschez, un trabajador gastronómico que aferraba por la mano derecha a Kito, su hijo de 9 años. "Lo traigo porque hace rato que mi señora y mis cuñados me dicen que le hace falta una hermosa tongueada. Vamover qué pasa", dijo a AN mientras acudía al llamado de Cañete.

"Qué puta le pase a éste", preguntó el encargado, mientras se frotaba alcohol en gel por el nudillo del dedo mayor de la mano. "Muy rebelde é; nunca le gusta la comida que le hace la madre, putea si uno le encarga un mandado, chilla para ir a la escuela... Así nos tiene las pelota", relató Juan Carlos. "Miralo vos al pelotudito", susurró entre dientes Cañete, mientras con una mano acomodaba la cabeza del niño, inclinándola a un ángulo de 45 grados y separaba el cabello con los dedos para dejar una línea blanca en proximidades del remolino capilar. Luego levantó la otra mano, con los dedos flexionados y el mayor sobresaliendo del resto en amenazante figura. El ascenso fue lento, hasta que, como si estallara un rayo de piel,  la mano bajó fulminante y se oyó, nítido, el cococho. La gente, alrededor, detuvo la respiración, y el silencio dejó desnudo el sonido del roce de los yuyos alrededor de la canchita, agitados por un viento sur. Tres segundo después, arrancó el llanto de Kito, como una sirena pachorrienta que comenzaba a sonar.

"Por un buen tiempo no te va a joder, pero si se pone a romperte las pelotas traéle nomá y leamo enseñar", dijo Cañete mientras volvía a repetir el ritual del alcohol y hacía una seña para que se acercara el siguiente niño, quien llegó empujado por sus padres mientras sus zapatillas resbalaban en el suelo de tierra y los ojos pedían clemencia sin hallar más que sonrisas de placer en el entorno de adultos. Y por el fondo veíamos irse a Juan Carlos, orgulloso, llevándose a paso prolijo el llanto de Kito.

Por supuesto que no faltaron las quejas en algunos programas radiales, por parte de hombres y mujeres contaminados por los programas televisivos de la tarde. Consultado por AN, el pediatra Ramiro Elekiazán refirió que "distintos estudios plantean toda una nueva visión sobre los efectos del tongueo. No es cierto que los chicos se traumen. Al contrario, un buen cococho de vez en cuando mejora el rendimiento escolar, estimula la colaboración en el hogar y fortalece el funcionamiento de la vesícula. Lo ideal sería que los chicos desayunen bien, con un vaso de leche o yogur, más dos tostadas con mermelada o queso y un buen tongo. Con eso todos los días, los padres no tardarán en ver, en el mediano plazo, asombrosos resultados".

Ampliaremos.

 

 

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Actualizado ( Miércoles, 31 de Agosto de 2011 10:45 )  

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