"Primero vinieron por el puchero, pero a mà no me importó, porque no me gustaba nada con caldo. Después vinieron por los autitos de plástico que se rellenaban con arena o masilla para que tuvieran mayor estabilidad y velocidad al ser lanzados, pero a mà no me importó porque preferÃa jugar a la pelo. Ahora golpean a mi puerta para llevarse el pote de cartón del dulce Ilolay, pero ya es tarde".
De ese modo se expresa el poeta y periodista Yasduit Pepe, capataz de redacción de Angaú Noticias, en su libro "Extinciones y planes macabros en la Argentina contemporánea", recientemente editado y presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires. Bueno, no en la feria exactamente, pero sà a una cuadra y media de ahÃ.
En esa obra, Pepe -con un estilo que remonta al Galeano de "Las venas abiertas..."- recorre la historia de distintos hábitos y consumos sociales argentinos que fueron desapareciendo más o menos misteriosamente, en todos los casos con claros intereses económicos detrás de esos procesos en apariencia "naturales". AsÃ, por ejemplo, dedica todo un capÃtulo a explicar cómo el monstruo asiático Valve preparó, indujo y consiguió que los niños dejaran de jugar a "los coboi" (cowboys) a fin de que todo estuviera listo para la llegada de su juego informático Counter Strike.
En otro capÃtulo se habla también de la creación, con fondos de la CIA, de los canales televisivos infantiles Disney Channel, Nickelodeon y Cartoon Network a fin de exterminar la lectura de los libros de la colección Billiken y las competencias de "tutti-fruti".
Â
Disparen al alma
Â
Pero probablemente la parte más estremecedora de la investigación se encuentra en "Disparen al alma", el bloque que Pepe destina a explicar que no fue en absoluto casual la desaparición total del hábito de desayunar y/o merendar acompañando a la infusión preferida (leche, chocolate, matecocido, té, etc) con contundentes panes untados con manteca y dulce de leche, la colación más deliciosa que haya conocido la humanidad en toda su historia.
"No hay sociólogo ni especialista en cuestiones alimentarias que pueda fundamentar -basándose solamente en la lógica del gusto- que millones de personas hayan reemplazado aquellos panes por galletitas que saben todas igual (es decir, a arena fina mezclada con cal y esencia artificial de vainilla) y que han sido elaboradas con menos amor que un matrimonio de la realeza británica", expresa Pepe.
Cruzando abundante información de procedencia diversa, el autor logra demostrar que la destrucción del pan con manteca y dulce de leche (y de sus equivalentes en otros paÃses de América Latina y del resto del Tercer Mundo) fue ideada por el Pentágono estadounidense en 1981, en base a una instrucción expresa del entonces presidente Ronald Reagan. Incluso, Pepe llega hasta a dejar abierta la posibilidad de que John Hinckley, el joven que disparó contra Reagan aquel año, no haya sido un enfermizo admirador de Jodie Foster, como se dijo entonces, sino un fanático del dulce Poncho Negro, mÃtico producto que aún se vende en frascos de vidrio.
"A comienzos de la década (de los '80s) la recesión golpeaba a la economÃa norteamericana y los despidos masivos más importantes se habÃan dado en la industria alimentaria -dice el libro-. La administración de los EEUU diseñó una acción de pinzas a largo plazo: por un lado se operó la destrucción de los consumos sociales tradicionales y por otro se inició la avanzada que terminarÃa dejando todas las grandes galletiterÃas de América Latina en manos de capitales norteamericanos".
Â
Golpes finales
Â
La operación siguió más allá de Reagan y de los cambios de la polÃtica yanqui. La captación de las fábricas locales fue paulatina e indetenible. Terrabusi, por ejemplo, quedó en poder Kraft Foods. En poco tiempo las galletitas "Variedad", hasta allà un delicioso combo de sabores, quedaron convertidas en una colección de botones de plástico semimasticables.
Simultáneamente, los canales de TV "para chicos" eliminaron la idea de que los pibes tenÃan que estar frente a la tele sólo las dos horas diarias que antes la televisión abierta dedicaba a programas infantiles. Ahora el "entretenimiento" estaba disponible las 24 horas. Es decir, jornadas completas con publicidad de Melbas, Manones, Variedades, Duquesas y Rumbas que ya no eran lo que habÃan sido ni estaban en manos de sus creadores originales. Colateralmente, Pilusos, Balás, Milikis y Pipos Pescadores fueron sustituidos por Power Rangers, Pokemones y otras manufacturas. El plan reaganeano estaba en plena concreción.
A la vez, se iniciaba el desembarco de las primeras consolas de videojuegos y en los mastodónticos ordenadores de aquel primer tiempo ya aparecÃan aplicaciones para chicos. Con el tiempo, ya no harÃa falta jugar a la pelo en la calle: para eso estaban el Fifa Soccer o el Pes. Ya no hacÃa falta correr jugando a los cowboys o a "policÃas y ladrones", bastaba con el Counter Strike. Ya no hizo falta tocar timbres y salir a correr con los amigos, la amistad era subir fotos pelotudas y escribir comentarios pajeros en Metroflog o -ahora- en Facebook.
Millones de moscas no podÃan equivocarse, y el pan con manteca y dulce de leche salió de las mesas argentinas en silencio. Ya jamás lo verÃamos salir chorreante de nuestras tazas, tras esa gloriosa inmersión que le agregaba una dosis de sabor sublime.
Y acá estamos, escribiendo/leyendo esto mientras masticamos unas Licoln que tienen sabor a nada. Una nada prolija, limpita, simétrica, mortal.
Â
Â
.
Â








Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....