En el DÃa del Maestro, pocos recuerdan la labor de aquellos docentes que el siglo pasado, y aún antes, renunciaron al confort de las ciudades para entregarse enteros al oficio de enseñar en los parajes más alejados de nuestra patria. En pueblitos olvidados por los mapas, ellos aceptaron vivir en precarias condiciones y asumieron como propias funciones que estaban mucho más allá del mundo escolar. Fueron maestros, pero también asistentes sociales, enfermeros, psicólogos y hasta mediadores en disputas de vecinos.
Uno de esos personajes extraviados de la memoria colectiva es nada menos que nuestro querido Chuñi BenÃte, el escritor chaqueño que revolucionó la literatura con el "realismo ñeri" y que todavÃa hoy es mirado de reojo por muchos integrantes del establishment cultural argentino. Entre 1962 y 1973 tuvo a su cargo la escuelita rural del Paraje La Gomuda, en plena región de El Impenetrable. Ayer, ex alumnos suyos le rindieron un merecido homenaje por aquellos años de sacrificio y amor.
"La verdá memocionaron estosijo deputa", dijo Chuñi al recibir la plaqueta que le entregaron esos niños que hoy ya son hombres y mujeres que andan los más diversos caminos de la vida. Subido a una tarima preparada para la ocasión, y mirando hacia las mesas en que se distribuyeron 70 ex alumnos con sus respectivas familias, BenÃte les agradeció la recordación. "Por lo que hablé con usteden ante de empezar el acto de mierda éste, a casi todo les fue para el orto, pero me pone bien saber que me recuerdan nomáteigo", expresó al borde las lágrimas.
Â
Años duros
Angaú Noticias, al enterarse de la preparación del homenaje, decidió asistir a él y captar, en la medida de lo posible, ese flujo de emociones que circuló durante toda la noche en el salón de usos múltiplos de cuatro de la Municipalidad de Miraflores, donde se realizó la cena. A 30 kilómetros de allà está el Paraje La Gomuda. "Se llamaba asà -rememora Chuñi, ya sentado en una de las mesas- porque al principio el lugar lo único que tenÃa era las casita de los croto ésto y una despensa que atendÃa una colorada que tenÃa unas teta impresionante. Hasta gente de Neuquén iba hasta ahà a comprar el pan sólo por verle las semejante goma".
"La escuelita no tenÃa práticamente nada. No tenÃa pizarrón, ni bancos, ni tiza, ni mapa, ni regla. El aula no tenÃa techo, y de las cuatro parede tenÃamo sólo una. Cuando hacÃa frÃo nos ponÃamo de un lado de la paré o del otro, asegún de dónde soplara el viento", sigue BenÃte en el desandar de los recuerdos.
Raúl Francisco González fue uno de los primeros niños en llegar hasta esa pared cuando se supo que al paraje habÃa arribado un maestro. Hoy recuerda aquel dÃa de su vida con los ojos brillantes. "Me acerqué y le dije 'Seño, soy Raulito, mi mamá me manda para aprender a leer'. Me dio tal sopapo que me hizo rodar como nueve vueltas sobre el suelo polvoriento, y me dijo 'Andá a decirle seño al puto de tu viejo'. Ahà aprendà que le tenÃa que decir 'maestro' o 'señor BenÃte'", relata Raúl, que hoy vive en Santiago del Estero y maneja un taller mecánico.
Â
El legado del saber
Â

Antonia Esquivel deja por un momento la tira de asado quieta en su plato, y suma su testimonio. "El maestro Chuñi nos dijo que él no pensaba 'romperse el culo consiguiendo un pizarrón', como nos dijo el primer dÃa, asà que lo que hacÃa era enseñarnos las letras, los números, las palabras, todo, escribiendo con el dedo en el aire. Asà que nos tenÃamos que imaginar lo que escribÃa, y concentrarnos bastante para no olvidarnos de lo primero cuando ya llevaba un rato escribiendo. Yo, la verdad, por culpa de eso nunca aprendà la regla de tres compuesta", confiesa.
"No aprendiste por bruta de mierda nomá", interviene Chuñi, salpicando algunos pedacitos de chorizo masticado sobre el mantel. E, incómodo con el relato de la mujer, pone énfasis en aclararle al cronista de AN que sus condiciones de trabajo eran adversas. "Tené en cuenta que ésto eran como treinta pelotudo todo los dÃa, y se la pasaban haciendo preguntas boluda todo el tiempo. Mirá vó si yo viandá tratando de conseguir un pizarrón en el orto del mundo", dice.
"Eran otros tiempos, y lo importante es que todos ponÃamos lo mejor de cada uno, jeje", corta Juan Carlos Pedrozo, organizador principal del agasajo. "Es verdad que el maestro tenÃa una forma de enseñar que por ahà chocaba, como cuando se armó lÃo con algunos padres porque en el cuaderno nos hizo poner que la polinización era 'cuando la abeja se la garcha a las flore y las deja preñada', pero también se preocupaba mucho por todos. Y si alguno faltaba a clase, él en persona iba a la casa a ver qué habÃa pasado", acota.
Â
Rencillas de pequeñuelos
Â
"Sà -reaparece Antonia con cierto tono de fastidio-, pero no iba a cualquier casa. Vos decÃs eso Juanca porque iba a la casa de Gutiérrez cuando faltaba, pero después resultó que era porque se la recontra clavaba a la madre en el gallinero a escondidas de él y del padre". De la mesa alguien se levanta con rudeza y se marcha lanzando la servilleta sobre el plato. Pedrozo se enoja: "Qué pelotuda sos, Antonia, ¿no viste que estaba Gutiérrez acá?"
"Que San Puta se lo lleve", minimiza Chuñi antes de mandar un trago de tinto hacia la garganta. "Miren, chico -agrega-, no pueden vivir en la recontraloma del culo y esperar que llegue un maestro como el de la familia Ingal. Yo hice lo que pude y al que no le guste que me chupe bien los huevo ¿Pero quién carajo se cren que son?¿O ahora resulta que porque me dan una placa de mierda que les habrá salido 25 mango y compran un asado más duro que mi poronga cuando la veo a Sabrina Roja yo les tengo que acectar que me falten el respeto?¡Pero por favorrrrrr!"
"Jeje, este maestro BenÃte", dice Pedrozo otra vez intentando apaciguar el incipiente incendio. En las demás mesas se hizo silencio para seguir cada palabra de la discusión. "Lo importante -sigue Pedrozo, mirando con ansiedad al cronista- serÃa que los medios rescaten el gran esfuerzo que se hace en los lugares más recónditos de..."
"Porque lo otro que tenemo que sincerarno -retoma Chuñi, ahora de pie, quitándose pedazos de carne de entre los dientes con un tenedor parrillero- es que usteden eran más bruto que un arado de palo. Y ni hablar de la catinga que tenÃan. Tuve que aprendé a aguantar la respiración cuarenta minuto seguido con usteden. Y cuando digo catinga hablo de vó, Antonia, de vó, de vó, de vó, de vó, de vó", dice el escritor, mientras su dedo se mueve apuntando a varios de los presentes.
"Chupame ésta a ver si tiene catinga también", grita un tipo robusto desde el fondo, y se pone de pie dificultosamente, los ojos enrojecidos, afectado por una sobredosis de Talacasto. "Lo que faltaba, el pajero de RamÃre; hasta por la mamá de Bambi se pajeaba", acota Chuñi. "Má pajero será vó, viejo puto, que me rompiste tó el cuaderno en la jeta", contesta el otro. BenÃte, ignorándolo, le habla al hombre de AN: "Cómo no le voy a romper el cuaderno si estábamo haciendo oracione con la letra S y el pelotudo escribió 'El oso meloso se relame goloso'. A mà con osos trolo que no me vengan".
El grandulón se viene al humo, algunos se le cruzan, tratan de pararlo, pero el gordo empuja y empuja, se caen tres sobre una mesa, las mujeres gritan, Chuñi rompe una botella y grita "sueltelón al pajero ése", Antonia le tira al artista la panera encima, Gutiérrez vuelve y logra embocarle una piña en la oreja al escritor, se arma la podrida entre mesas que de pronto toman partidos opuestos.
Pedrozo amablemente nos lleva hasta la puerta del salón, y nos despide. "Por ahà lo importante serÃa destacar el acto", dice antes de cerrar, y agrega algo más que el griterÃo de adentro nos impide entender.
Â
Â
.








Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....