Luiz Costa de Oliveira se convirtió en noticia internacional en los últimos días. El hombre tiene 90 años, vive en Brasil y tuvo 50 hijos. Pero esa marca no es lo más asombroso de su historia, sino que al récord llegó tras embarazar a su esposa, su cuñada... ¡y a su suegra!
Desde ya que el asunto merece ser debatido en todos los ámbitos de la sociedad para determinar si lo de Luiz es una proeza o una aberración de la naturaleza. Concretamente: haberse empomado a la suegra, ¿lo convierte en un sujeto digno de admiración o en un ser repugnante capaz de la mayor de las bajezas?
Investigación AN
Ante lo complejo del tema, AN envió a un equipo periodístico a Rio Grande del Norte, donde el historial empomatorio de Luiz es el centro de una caliente polémica que se percibe en todas partes. "Ah, el viejo asqueroso", nos dice el taxista cuando en la terminal de ómnibus le preguntamos si conoce dónde vive el anciano más famoso del pueblo. "¿Cómo pudo coger a la suegra? Si tenía ganas, ¿por qué no se culeó mejor una hiena o una manta raya?", pregunta, indignado, dentro del largo monólogo que nos brinda en el trayecto hacia la casa de Costa de Oliveira.
Cuando llegamos, el viejo está sentado en la vereda de una vivienda blanca y pequeña. Lleva gafas para sol y tres mujeres están desparramadas sobre silletas ubicadas a su alrededor. Callados, miran el lento movimiento de vecinos por la cuadra. "¡Asqueroso, puerco!", grita el taxista luego de cobrarnos. Luiz responde sacudiéndose los genitales con la mano sobre el pantalón y un gesto agrio en el rostro.
Nos presentamos, y su reacción es de inmediato fastidio. "Sí, la clavé a mi suegra, ¿y qué? A cualquiera le puede pasar", dice, sin que le preguntemos nada. "¡Genio!", exclama un muchacho que pasa en bicicleta y saluda con la mano.
Buscamos distender el clima y predisponerlo a la charla,hablando de banalidades. Pero ni la sitiuación en las plantas nucleares de Fukushima, ni la creación de nuevos stents coronarios que son absorbidos por el cuerpo, ni el debate sobre el déficit fiscal griego parecen interesarle.
Sin embargo, como cansado de nuestros rodeos, Luiz deja a un lado un plato con rodajas de ananá y señala a una de las viejas. "Esa es mi suegra -dice con su voz rasgada-. Y sí, le di. ¿Es un crimen eso? No, no es. Además, eso pasó hace tiempo. Ya es pasado", agrega. Ante una pregunta específica nuestra, precisa: "Fue en diciembre pasado".
Las dos versiones
Luiz acepta contarnos la historia completa, y al fin sabemos cómo sucedió. María estaba colgando sábanas en unos alambres, para que se secaran al sol, y Luiz buscaba un broche para apretarse las botamangas, ya que pensaba ir en bicicleta a comprar unas cervezas. "La vi agachada y no lo pensé mucho. Creí que era una forma de lograr que la familia fuera más unida", dice.
La mujer escucha el relato simulando no oirlo. Cuando nos dirigimos a ella para saber qué pensó y qué hizo en aquel momento, se hace la desentendida. Aceptamos el juego, y le repetimos el relato de Luiz. "Me violó -dice, sin mirarnos a los ojos-. Yo le dije que si no me la sacaba, en tres horas empezaba a gritar. Pero siguió bombeando. Igual, no es cierto, como él me dijo, que actuó bajo emoción violenta. No es ningún tonto, a las dos horas y cincuenta minutos se salió".
Los encuentros sexuales se hicieron cotidianos. "Ella me provocaba", dice Luiz. "Mentira, es que acá se cuelga ropa muy seguido", dice ella. "Colgaba la ropa y la volvía a bajar del tendal para volver a subirla al instante", se explaya él. "Es porque lavo con distintos programas según el tipo de ropa", justifica ella. Luiz desdeña: "Después ya directamente me subía mientras dormía y me cabalgaba como enloquecida". La suegra sigue respondiendo sin mirarnos: "Centrifugaba", argumenta.
De tanto fregar, la mujer quedó embarazada y llegó el hijo 50 de Luiz. Él averigua ahora si puede adquirir la nacionalidad argentina para cobrar la Asignación Universal.
El debate está abierto. Empomar a una suegra, ¿es de ídolo popular o de incalificable monstruo?
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