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No te hace falta leer ningún libro: AN te señala los distintos modos de declarar un amor

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Cómo bien señala una canción de la Bersuit, el amor tiene la capacidad de volvernos muy idiotas, diríamos nosotros que tirando a pelotudos. Hasta logra que nos conmuevan canciones berretas, que en otras circunstancias nos parecerían vomitivas. Y, ya para empezar, nos pone frente a la brutal incapacidad de encontrar un modo directo, llano e inmediato de decirle a la otra persona que estamos perdidos por ella.

A lo largo de la historia humana, distintos modos de confesar el amor se han ejercitado y popularizado. A continuación, un modesto e incompletísimo catálogo de métodos y estrategias.

 

El administrativo. Es un estilo que carece casi por completo de magia y vuelo romántico. Pero se les envidia a sus practicantes la ejecutividad y la reducción al mínimo de los niveles de angustia.

Se trata de un procedimiento que normalmente es practicado por jefes de sucursales bancarias, gerentes de empresas de telefonía, ingenieros propietarios de empresas constructoras y neurólogos que no operan con obras sociales.

Consiste en el planteo sin vueltas sobre la existencia del sentimiento. Porque, habitualmente, este grupo no habla de "amor", sino de "sentimiento", porque ven en el asunto un cierto ingrediente negociador, que vuelve inconveniente enfrentar a la otra parte atado de pies y manos. Entonces, hablar de amor sería negociar en desventaja. Hablar de sentimiento, en cambio, deja un margen de duda que evita desequilibrios de fuerzas muy marcados.

La confesión suele darse en el lugar de trabajo del tipo, que además "cita" a la mina por la que muere, como si estuviera convocando a un proveedor. Luego, el diálogo suele darse en los siguientes términos:

-Hola, Sofía, gracias por venir.

-De nada, ¿pasa algo malo? Se te oía tenso.

-Mirá, el tema es así: me siento bien con vos, me gustás mucho, y... surgió un sentimiento. ¿Vos cuándo me podrías dar una respuesta? Porque yo esta tarde tengo una reunión tras otra, pero mañana entre las 10 y las 10:45 podría acomodar un encuentro con vos. Y si no... a ver... y sí, ya tendría que ser el domingo. ¿Quedamos así entonces? Llamame cualquier cosa, yo ahora tengo un encuentro con el directorio. Chau, cuidate. Ah, cuando te vas decile a la secretaria que te dé un collar que es para vos y fijate si le hizo la tarjetita que le pedí.

 

El inductivo. Los de este grupo sienten espanto ante la posibilidad de ser rechazados, por lo que hacen todo lo posible para que sea la otra persona la que advierta el amor que se les prodiga. La expectativa de máxima es lograr que sea la otra parte la que dé el paso decisivo.

Se caracterizan por regalar todo tipo de pelotudeces que invariablemente tienen corazoncitos que dicen "Te amo" (ositos de peluche, espejitos, cisnes de porcelana, conejos de chocolate, tampones) y bombones Felfort. Además, tienen diálogos típicos como éste:

-Hola, Raquel, ¿cómo andás? Francisco te habla.

-Ey, Fran, ¿cómo va?¿Qué onda?

-Nada, te estaba pensando nomás, jeje.

-Jaja, qué loco.

-Sí, y anoche te soñé.

-Aaah, mirá vos. Yo justo ahora estoy en el trabajo, tratando de encontrar con mis compañeros una diferencia de caja que nos apareció. Hace tres horas que estamos con eso.

-Pucha, ojalá lo arreglen.

-Sí, vamos a ver... Bueno...

-Sí, te soñé.

-Qué bien, Francisco. (Voz alejada del teléfono) Síiii, ya vooooy, estoy hablandoooooo...

-Pero no te voy a contar, jijiji.

-Ja, bueno, Francisco, gracias por llamar.

-De nada, me encanta hablar con vos.

-Eh, sí, hay cosas que nos encantan en la vida.

-Sí, por ejemplo encontrarnos con personas que nos hacen ver al mundo como un espacio lleno de luz donde podemos ser felices desde la primera hasta la última célula y despertarnos cada mañana con el corazón saltando de alegría y diciendo el nombre de esa personita en cada latido porque no hacemos más que soñar en vivir con ella y tener cinco chicos para festejar todos juntos el Día de la Madre, y el Día del Niño, y comer pastafrolas en invierno mojando las porciones en tazas de choc...

-Francisco, te vas a gastar todo el crédito, más tarde te hago un mensaje si querés, cuando yo salga de mi trabajo donde, no sé si te dije, hace tres horas estamos buscando una diferencia de caja.

-Está bien, te voy a contar el sueño, jiji. Resulta que vos estabas en una plaza, con un enterito azul relindo, y yo...

Y así hasta que un día ella lo manda a la mierda.

 

El método del anonimato. Todavía bastante popular, consistía en otros tiempos en enviar cartitas (por correo si uno quería impresionar más, dejándole notitas en carpetas del colegio o del laburo si uno se quería ahorrar esperas y estampillas) declarando el amor pero sin firmar los mensajes. Hoy se puede hacer también mandando mensajes de texto desde páginas web al celular de él o ella, poniendo como remitente fórmulas del tipo "un amigo", "alguien que te quiere" o "uno que te quiere surtir".

Los textos suelen ser más bien cándidos, pero dejan en claro la devoción y el amor, que con la dosis de misterio terminan fascinando a el/la destinatario/a. El riesgo es que quien los recibe queda en total libertad de imaginar al autor de las notas.

Un amigo me reconoció que se hartó del sistema cuando, al cabo de usarlo en varias ocasiones, comprobó que en todas ellas el mecanismo sólo sirvió para que a sus amores deseados se las recontraclavaran otros vagos que ellas suponían eran los emisores de los estimulantes mensajes de adoración.

 

El conocido en común. La existencia de un tercero como gestor o mediador puede facilitar la aproximación, pero no es una garantía.

Se sabe del caso de mujeres que entre los 16 y los 50 años se vieron obligadas a cultivar una insoportable amistad con tipos decadentes sólo porque eran los hermanos de los hombres que amaban, y de otras que accedieron a peteos y sesiones de sexo anal con amigos en común para pagar supuestas "grandes noticias" que al final consistían en la provisión de meros datos insignificantes que no hacían al fondo de la cuestión.

 

El pragmático. No es muy glamoroso ni poético ni aventurero, pero suele funcionar. Consiste en ofrecer guita, y punto. Se lo conoce también como Método Soldán.

 

El método del puro culo. Funciona bastante bien. Uno, simplemente, está. Y pasa lo que tenga que pasar.

 

Y, tú, oh, amigo lector, ¿cuál conoces?

 

 

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Actualizado ( Jueves, 17 de Noviembre de 2011 09:55 )  

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