Roma (De nuestro enviado especial, Bloudis Pepe) - La renuncia del primer ministro Silvio Berlusconi generó un doble movimiento masivo simultáneo: mientras multitudes salÃan a las calles para celebrar la dimisión, miles de prostitutas vip iniciaban un penoso éxodo hacia paÃses limÃtrofes, convencidas de que a partir de ahora se abrirá en la penÃnsula un largo perÃodo de recesión para el sector.
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"El pueblo es injusto, gracias a Don Silvio prácticamente no sentimos la crisis económica internacional. HabÃa mucho trabajo y una férrea voluntad polÃtica de invertir en el sector y generar empleo genuino", nos dice Enriquetta Piccoli, una trabajadora sexual que en los últimos ocho años pudo acceder a un nivel de vida respetable gracias a las polÃticas de Berlusconi. Hoy, a los 22 años de edad, dice sin dudar que volverÃa a apoyarlo en las elecciones.
"Pasa que tenemos un pueblo demasiado bruto", se suma Antonella, una joven de 17 años que participaba de las fiestas de "Il Cavaliere" y de paso lo asesoraba en temas de polÃtica exterior para con Medio Oriente. "Ahora es como si la tierra se abriera, nos quedamos sin nada", añade, ahora con dos lágrimas persiguiéndose sobre su mejilla de un blanco nÃveo.
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Voces grises
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Las escenas más curiosas y tristes se ven en el norte, y sobre todo en zonas como las de Udine, Bolzano, Trento, TurÃn, Novara, Trieste, Como o Bergamo, donde las extensas columnas de prostitutas pasaron o hicieron un alto a la espera de seguir camino rumbo a Francia, Suiza, Austria o Eslovenia. Muchas esperan continuar viaje hacia otros destinos más remotos. Llevan pequeños bolsos con algunas pocas cosas, los bolsillos cargados de cosméticos y los pies -hasta hace poco perfectos- deformados por ampollas, inflamaciones y lastimaduras.
Berlusconi fue para ellas una suerte de Perón. No sólo él, su gabinete y sus amigos las empleaban de manera cotidiana, sino que además el primer ministro lanzó un programa proteccionista denominado "Coja italiano", que mediante una intensa campaña publicitaria por todos los medios promovÃa que sólo se contrataran servicios sexuales de mujeres nacidas en la penÃnsula.
Fue la época en la que El Vaticano puso el grito en el cielo por la tanda televisiva que en cualquier horario mostraba a un sujeto penetrando a un travesti con una locución en off que decÃa "para un italiano no hay nada mejor que otro italiano".
"Lamentablemente la sociedad no estaba preparada para un lÃder como él, adelantado a su tiempo", dice, casi en un susurro, una joven que nos muestra una foto de Berlusconi y ella haciendo el amor montados sobre una jirafa pintada de fucsia. "Don Silvio era muy sensible -cuenta con una sonrisa tierna-, amaba a los animales. Por eso casi siempre primero les daba a ellos, y después entrábamos nosotras".
Luciana, una impresionante pelirroja de 1,88 metro de altura, pechos ingrávidos y ojos violetas, besa la imagen del premier que lleva colgando en su collar e, indignada, grita: "¡A ver qué harán ahora en el Parlamento con la crisis, y si podrán ellos resolverla!¡Silvio vivirá por siempre en el pubis de su pueblo!", exclama, desafiante.
Sus gritos son reprobados con discreción por los parroquianos de un bar. Ellos celebran con vino rojo la caÃda de Il Cavaliere. "¡Que San Puta se lo lleve!", brindan. De eso, justamente, parece tratarse la cosa.
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Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....