Hace casi 30 años, la revista Humor blanqueó a una raza deleznable que está presente en toda sociedad: los insufribles. Seres que con poco joden mucho, y que parecen asumir ese rol casi como una misión dictada por la naturaleza.
Algunos de los que podemos anotar al toque:
Los vendedores caras de orto. Te tratan como si no estuvieras por dejarles tu guita, sino como si hubieras entrado su baño mientras se duchaban. Lo curioso es que entre ellos no hay sólo "empleados mal pagos cuya mala onda se puede comprender", sino dueños de esos negocios. ¿Entonces por qué no se meten el mostrador en el ojete y se dedican a otra cosa?
El que cree que si lo pasás lo estás cogiendo. Lombriz humana en cuya precaria capacidad de razonamiento, el hecho de que mientras va con su auto vos lo pases con el tuyo, le parece una afrenta intolerable. Por ese motivo, aunque circule a 15 km/h, irá por el carril de la izquierda, o por el medio de una calle estrecha, de modo de impedirte el sobrepaso. Que le hagas señas de luces o toques bocina sólo empeora las cosas. ¿Qué les pasa en el coco a estos tipos?
El empleado público que disfruta de generarte un problema. Si bien en la administración pública encontrás gente muy piola, también hay una alta proporción de personas dedicadas a la atención al público, que tienen una innata capacidad para que, si vos vas con un problema, vuelvas con dos. De algún lado siempre sacan que te falta un sello, un estampillado, un análisis, una fotocopia, una constancia, o que en la foto tenés muy bajos los párpados. Cuentan con la inestimable -y a veces magistralmente improvisada- colaboración de otros empleados públicos que antes, en la cadena de trámites, te indicaron todo mal lo que tenías que hacer. ¡Pero sonríe, cobran sus sueldos con tus impuestos!
Los médicos forros. Pocas situaciones son más chotas que la de tener que ir al médico. Implica que uno está enfermo, que hay un cierto grado de incertidumbre, que no sabés si lo que tenés se cura o no, etcétera. Pero si encima el tipo que te atiende le pone al asunto la misma onda que si estuviera viviseccionando una rana en la escuela primaria, estamos fritos. Y ni que hablar de los forros que te miran onda "¡La puta, otro que está enfermo!". ¡Y sí, pelotudo, para eso estudiaste medicina!
Los abogados. El 90% de ellos, digamos. Sí, sí, sabemos que está el derecho de toda persona a ser defendida, pero no nos jodan: no podés estar en un caso hablando del infinito abuso de poder de un sanatorio que contaminó con sida a una piba de padres campesinos, y después, porque te garpa, decir que un chorro de guante blanco hijo de puta es un perseguido que merece una indemnización sideral porque le desnudaron el curro. ¿Alguien puede explicar qué diferencia hay entre eso y la prostitución? Porque pareciera que la única es que unas ponen el culo y otros la lengua.
Los que bloquean las veredas. Generalmente, son tipos que ponen sus autos o camionetas de tal modo que no te queda otra que bajar a la calle para seguir caminando. En otras, comerciantes que llenan la vereda de mesas y sillas. Boludos invasivos.
El chupaortos de oficina. Ya le hemos dedicado un foro aparte alguna vez, pero no se lo puede dejar afuera de esta lista. Miserable y carroñero como pocos, si hace falta peteará al jefe con tal de mantener cierto estatus y ser tratado como un tipo eficiente a pesar un jeropa y un inútil. Contaminan todo lo que pisan.
El que va al cajero automático con ocho tarjetas. Les saca el sueldo a la mujer, a la nuera, a los sobrinos, la jubilación a la nona... De terror. Una vez que entra, te conviene ir a una pizzería y pedir una cuatro quesos. Morfátela y después volvé. Otra variante es el/la tarado/a que tarde diez años en sacar 200 mangos. ¿Entran a un chat o qué les pasa?
Los que nunca atienden el celu y le cargaron un ringtone insoportable. Se borran, y dejan el fono ahí, sonando con su tono de trolo, llamado que obviamente es la mujer queriendo saber a qué hora sale del laburo, para ver si le da o no el tiempo para otro turno en el telo con el otro vago.
El que va al módulo a pagar todas las deudas de la humanidad. Hacés fila para pagar el teléfono y tasas y servicios. Va rápida la cosa, por suerte, y estás a sólo dos tipos de ser atendido. Pero ¡zas!, justo el viejo de adelante, al llegar a la ventanilla, abre la campera y saca boletas que conforman un acordeón de un metro y medio. Y te quedás preguntando dónde carajo están los motochorros, que no lo cagaron bien a piñas y le sacaron la guita antes de que entrara a la caja.
Y la lista puede ser infinita, pero a ver, pónganse las pilas y deschaven insufribles abajo.
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Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....