Tener que avisar a un amigo que es un recontra cornudo es una de las situaciones más difÃciles en que nos puede poner la vida. Entre minas el asunto no es un drama, ya que la mujer, en general, goza de avisar a su amiga de que vio a su marido cogiéndose de parado a una pelirroja en el baldÃo de la otra cuadra, pero entre hombres es otra cosa.
Es de recontraputo encarar al compinche y decirle: "Rick, a tu jermu se la están enhebrando todos los banderilleros del ferrocarril". No, no está bien eso. Entonces, hay que buscar otros modos de que el otro vea la realidad.
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El método de servir el hallazgo. Es uno de los más eficaces, pero también de los más inaccesibles, ya que exige tener un puntilloso conocimiento de los movimientos de la atorranta con su amante. Si ella está en un bar con él, franeleándose bajo la mesa y comiéndose las bocas, hay que invitar al amigo a ir a tomar algo ahÃ. Por supuesto que al entrar, uno debe simular total sorpresa, y quedar paralizado diciendo: "Pero...¿qué demoños?¿Que aqueia no es Sonia?".
En casos de cornudos extremadamente pelotudos, conviene no dejar todo a interpretación del corneta. En estos casos, al entrar al bar, conviene decir: "Pero...¿qué demoños?¿Que aqueia que está toqueteando la garompa del gordito reboludo, y que tiene cara de estar a punto de petearlo a él, al mozo y a los de las cuatro mesas vecinas, no es Sonia?"
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La inducción al análisis y la sospecha. Requiere menos conocimiento de la guampeación de la atorranta, pero hace falta tener cierta información. Eso permitirá poner en alerta a nuestro amigo sin que él piense que sabemos algo y se lo ocultamos.
Una movida tÃpica en esta alternativa es hacer comentarios como al pasar del tipo "qué feo debe ser revisar el cuarto cajón del chifonier de tu esposa y darte cuenta de que ahÃ, debajo de la cajita con los aros, hay ligas y tangas de hilo que ella en la puta vida usó con vos pero que ya tienen como setenta lavadas encima". Conviene repetir varias veces "cuarto cajón del chifonier".
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Enviar un anónimo. Está en la frontera de lo admisible, ya que se aproxima mucho a la putosidad de hacer la revelación directamente. Hay que tener algunos aspectos en cuenta:
a) No se debe escribir el mensaje a mano, porque reconocerá nuestra letra.
b) No escribir la advertencia del otro lado de nuestra tarjeta personal.
c) No poner posdatas del tipo "Ah, Raúl, acordate que el viernes jugamos".
d) Escribir "le hace el orto dÃa por medio", de ninguna manera significa poner "le hace el orto dÃa por medio, y la verdad se lo entiendo, porque Roque y Fortunato siempre decimos que a tu esposa el culo deberÃan guardárselo en una caja fuerte".
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Las indirectas. Al corneta su mujer le avisa que está embarazada, y él queda preocupado porque ya tienen tres pibes y encima le cortaron el contrato hace poco. Asà que es el peor momento para agrandar la familia. Se encuentra con vos, y te dice: "Che, vos sabés que la Gabriela está embarazada".
Entonces vos ves su rostro angustiado, lo palmeás, y soltás: "Pero no te pongas asÃ, boludo, seguro que es tuyo, ¡debe haber como un 10% de posibilidades a tu favor!".
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La autojustificación. El hombre de bien sabe que está prohibido clavarse a la mujer de un amigo. Pero si sucediera, y uno resultara sorprendido por ese compinche en plena matraqueada mientras tenemos a su esposa en cuatro, conviene salvar la propia ropa diciendo con tono de hartos: "¡Por fin, Roberto, ya no sabÃa cómo carajo hacerte ver que ésta te guampea!"
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Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....