Súperman era un capo, pero hasta él tenÃa un lado vulnerable, y lo activaba la kriptonita, un material cósmico que al tipo le sacaba todo su poder. Pues bien, señores, nosotros también tenemos en la heroica subsistencia diaria cosas que nos debilitan, nos aplastan, nos hacen sacudir la cabeza como quien quiere quitarse lÃquido de los pelos.
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Algunos ejemplos:
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Las tardes de domingo: Un problema insoluble para la humanidad desde los tiempos de Adán y Eva. Si uno es consciente de ellas, se deprime sin remedio. A veces la única solución es llegar al lunes por la mañana, que es deprimente también por razones laborales, pero de un modo distinto, más sano y activo.
Casi nada sirve para contrarrestar el efecto desmoronador de una tarde dominical. Un partido de fulbo, por ejemplo, hace olvidar por completo la circunstancia, pero no se puede jugar al fulbo doce horas, y cuando la cosa termina, es peor: uno se encuentra ahÃ, con la tarde de domingo enfrente, mirándonos fijamente. Ya sin pelota, sin amigos, nos despedaza a su gusto.
Tampoco sirve empomar, porque el matraqueo espanta a la muerte dominguera, pero ésta regresa más poderosa y sangrienta cuando ya estamos rendidos sobre el colchón.
No hay caso, no hay remedio, no hay salvación más que soportar el tiempo que haga falta para llegar a la otra orilla.
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Los cantos de las ranas: Por suerte, pese a lo que dicen los de TN EcologÃa, el proceso de extinción de especies animales es una bendición. Gracias a él, ya casi no se escuchan esos ultradeprimentes cantos de ranas (o de renacuajos, nunca supe bien) que se oÃan en las tardes de cualquier dÃa luego de una lluvia fuerte.
Era algo asà como un coro de gatos lamentándose, una vez que la precipitación habÃa terminado. El cielo todavÃa rosado y quejoso, más ese sonido, daba más tristeza que River.
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Descubrir que la linda misteriosa es una boluda: Ella empezó a aparecer por tu laburo, o cerca de tu casa, o en alguno de tus trayectos habituales, y con su belleza de selva y noche te cautivó. Ningún amigo en común, ninguna excusa para hablarle, y entonces te empezás a hacer la cabeza imaginándola sensible, profunda, brillante, imprevisible.
Y un dÃa, el milagro: una carambola de la vida te pone a hablar con ella.
Y ahà mismo, la catástrofe: no hace más que hablarte de los concursos de Tinelli, Gran Hermano, de su celu y de Facebook.
En la puerta del destino, te parece ver un cartelito que dice: "Una vez retirado el misterio de la caja, no se aceptan reclamos".
El desamor ajeno: Debiera ser cosa de los demás, pero a veces te pega mal. Doy un ejemplo propio: me bajonea hasta el quinto sótano ver a esos tipos que salen con su mujer, y caminan uno o dos metros delante, con cara de ojete, como diciendo "Ojo, no se vayan a creer que ésta tiene que ver conmigo, eh. Yo soy otra cosa".
Un asco.
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La mediocridad: A veces la circundante, aunque no te toque, pero se te cruza tarde o temprano, y nunca es la última. A veces la que te imponen por una cuestión de jerarquÃas. En el ánimo, es devastadora.
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La rendición de uno que luchaba: Un tipo que conocÃas y era honesto, de repente se mete en la joda de todos y "hace la suya". Se te cae un Ãdolo, pero uno de los verdaderos, de los que te daban fuerzas para defender tu propia integridad.
Y si se fue al carajo él, es como descubrir que a vos también te puede pasar. Hasta que puedas recomponer las cosas, te vas a sentir boludo y más solo que Kung Fu.
El canal Volver: En su programación hay cosas valiosas, otras provocan una dulce melancolÃa. Pero la mayor parte del tiempo todo tiene un olor a ropero viejo y mohoso, y la programación es un interminable desfile de muertos. El 75% de los suicidas son tipos que miran Volver el domingo a la tarde con renacuajos cantando en el patio.
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Las revistas Hola! o Caras leÃdas de madrugada: Si te da por leer de madrugada, casi siempre, es que estás más solo que Anteojito en una fiesta organizada por Guillermo Coppola. Y también significa que tus viejos fantasmas no te dejan dormir. Bien, en esas condiciones, jamás te pongas hojear una de aquellas publicaciones. La sobredosis de pelotudez, mezclada con tus saudades, será letal.
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El programa de Johnny Allon en el cable: Tanta berretez servida en la pantalla de manera aluvional, junto con la deducción de que hay gente que puede vivir -¡vivir!- de hacer un programa de este tipo, no puede aportarte más que una depresión tamaño barrio. Hacé zapping urgente.
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Las publicidades de bancos: La "buena onda" de los personajes que representan a las entidades bancarias, las frases truchÃsimas tipo "lo que más nos importa sos vos", demuestran tal nivel de impunidad cultural que si lo pensás más de diez minutos te sentÃs un miserable gusano partido por la mitad sobre una de las mesas ratonas del sistema.
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Y por supuesto que hay mucho más, pero ¿a vos qué cosas te matan y te tiran al pozo?
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Zona Lectores nació con la idea de servir de espacio de expresión para inquietudes de todo tipo, pero principalmente literarias. La sección se empantanó...
Qué bueno que Cristina Fernández de Kirchner se haya dado cuenta de lo obvio. La Argentina necesita cierto control sobre la explotación de sus hidrocarburos....