En una clara señal de que el poder adquisitivo de algunos sectores de la clase media está menguando, comenzó a expandirse la costumbre de algunos hombres de hacer arreglar sus profilácticos dañados, llevándolos a tal fin a modistas y zapateros que -también por una necesidad de ingresos- aceptan a regañadientes ese tipo de encomiendas.
"A mÃ, sinceramente, no me da el cuero para usar un forro nuevo cada vez que puedo enterrar la batata", reconoció, con una fina metáfora hortÃcola, Domingo Belisario Pascatigno, un cincuentón que trabaja en un comercio donde percibe cada mes 800 pesos en negro. El dice tener sexo sólo con su esposa, pero ella, desconfiada de eventuales aventuras de él, lo obliga a usar condón.
"Al principio -siguió contando Domingo- traté de hacer eso del sexo tántrico, porque leà que en vez de hundir la garompa ahà lo fundamental es el toqueteo, los roces y el franeleo en general, o sea que me podÃa ahorrar lo del forro. Pero mi señora es como yo, está acostumbrada al estilo de antes, y se me dormÃa cuando yo ya iba por los 45 minutos lengüeteándole los dedos del pie o tras media hora de frotarle la nuca con las bolas".
Por eso, Domingo volvió a la empomación clásica. "Es lo mejor -dice-, porque no tenés ni que pensar ni que andar armándote historias en la cabeza. Le mandás pa' trodén y listo. Y entonces le pregunté a doña Lucy, que siempre me hizo el ruedo de los pantalones, si no me podÃa arreglar los forros que se me van rompiendo o que se abren un poquito por el uso".
"Me dijo que sÃ, pero es una mujer que siempre hace una de más. A los pantalones, a pesar de que yo se los llevaba sólo por el ruedo, les cambiaba el cierre por otro o reforzaba los bolsillos. Y a los condones, a veces, les pone mis iniciales o les borda un osito de mierda", se quejó.
A Peridonio Flores, que perdió su trabajo de sastre en una tienda de ropas que cerró en los '90, la reparación de forros también se le convirtió en un mal necesario. "Me tuve que dedicar a esto porque ya casi nadie hace arreglar los cuellos de las camisas o pide un traje a medida. Con esto por lo menos uno siempre tiene algo en la mano", explicó.
Don Peridonio dice que los encargos más habituales "son los zurcidos, pero también están los acomplejados que por no quedar mal en la farmacia piden forros de tamaños descomunales y después, a la hora de los bifes, la garompa les baila el pericón ahà adentro. Entonces hay que andar ajustando eso. Hay un caso de un pobre infeliz que pidió un forro extra large en la farmacia y con eso le hice 14 condones de su medida".
De entre las anécodotas de su nuevo oficio, el veterano sastre rescata lo que le sucedió con el dueño de una parrilla "que apareció diciendo que habÃa conocido una chica muy hermosa, mucho más joven que él, y a la que él querÃa impresionar con un condón musical. Como no se animaba a ir a la farmacia, me pidió que se lo hiciera yo. Fue todo un desafÃo para mÃ, y él tampoco quedó muy conforme, porque lo que hice fue armar un sistema que conectaba su profiláctico con un tocadiscos Wincofón, y le dije que tenÃa que moverse despacio o le iba a saltar la púa".
Flores relata que a los dos dÃas su cliente "llegó destrozado. Me dijo que después de lucirse con el condón musical se quedó dormido, y que resultó que la chica era un travesti de la Plaza España, que ahà nomás, de una, peló un flor de mp3 y descargó un montón de temas en el puerto USB de este pobre hombre".








Tardará, tardará.
Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputación,...