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Viajes largos en colectivo II: el desgarrador testimonio de un Argento

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Debido al laburo tuve que viajar en colectivo...uff, ya perdí la cuenta de las veces. Y viajes largos. Desde la época de La Internacional a los sarcófagos de dos pisos de hoy. Y en cada viaje aparecía un personaje nuevo, un insufrible nuevo...

No quiero enumerar porque me pierdo y seguro me falta aguno. Pero la verdad, por sobrada experiencia propia, los que se llevan los premios mayores son los choferes y desde no hace mucho las azafatas.


Dueños absolutos del micro, del viaje y de tu culo si te descuidás. Desde el primer minuto, antes de subir, cuando le preguntás un tímido "disculpe, jefe, ¿a qué hora más o menos llegamos?" y con el pucho en la boca, recién salido de la cama, mal peinado con gel y cortando el boleto te gruñe un "mmfgrfffmsymedia", ya podés esperar lo peor.


Y acá también la lista se me hace larga: la elección de la peli; el televisor, que al terminar la peli deja encendido con la pantalla en gris y el clásico "sssssss" y recién se acuerda de apagar a las 3 de la matina, la comida servida como si fueras un chancho en medio del barro y luego nunca retira la bandeja vacía ni el puto vaso vacío, el pucho que él va fumando con la mano en la ventanilla abierta, el baño que te lo clausura cuando se le canta, la música a todo pedo que él escucha y te obliga a través del parlantecito de mierda sobre tu cabeza, el aire acondicionado (otro gran tema), etc.

Es largo. Por eso me paro en esta perlita solamente, que es una de las que más recuerdo:


En Rosario tomo un micro a Bariloche que había salido desde Santa Fe. El micro llegó una hora tarde a Rosario y casi lleno. Éramos como 20 los que esperábamos subir, con bolsos, mochilas, etc. Y ése era el micro, no había dos o tres o un "refuerzo". Las bodegas llenas. Arriba, imposible. Abajo, menos. Lo asientos (esto fue dramático), vendidos dos veces en algunos casos.


Los choferes parecían guardaespaldas de Michael Corleone: inmutables, fumando, llenando los termos para el mate, mientras nosotros nos carneábamos por un lugarcito.

Cuando al fin, hora y pico después y no sé cómo mierda pudimos acomodar todo y subir, nos esperaba lo peor: una azafata, mezcla de cuñada "mal atendida", con sonrisa de maestra jardinera berreta y pedorras ínfulas de directora de colegio concheto, con una bandejita de caramelos diciendo "bienvenidos, que tengan un hermoso viaje".

Era tan ridículo el gesto que la gente, me incluyo, pasaba al lado y la reputeaba a ella, a la empresa y a la madre del fabricante de los caramelos. Y ella...(me meo de la risa cuando me acuerdo) ¡nos devolvía la puteada uno por uno! ¿Los choferes? ¡Al óleo!


Cuando arrancó el viaje, todos apilados, con bolsos en los pasillos, con una cara de ojete mal, la mina se paró delante y (nunca había visto esto, lo juro) empezó a dar instrucciones para el buen viaje con una sonrisa que parecía enyesada. A ver, voy con sic, sic y recontrasic:


1) "Gracias de nuevo por confiar en nosotros" (¿"De nuevo"...?)


2) "La merienda y la cena se servirán a las 21" (Claro, se le desfasó el horario y tenía que meter todo de golpe).


3) "El baño es sólo para hacer pipí. Para cacona, tendrán que esperar hasta la próxima parada antes de la merienda y la cena" (LO JU-RO).


4) "Se ruega dejar el pasillo despejado para el libre tránsito" (El único modo era morfándose las valijas).

Pero pará, bolú, que falta lo mejor: a cada una de estas instrucciones (leé bien) ¡la gente le respondía con alguna puteada! y la mina...¡retrucaba todo! A ver, repasemos según lo ya enumerado:


1) "Con Uds. nunca viajé hasta hoy ni pienso hacerlo más, ridícula" (pasajero). "Pero callate, gordo, si no te gusta andá caminando" (ella).


2) "A mí no me traigas tus bandejitas de mierda" (pasajero). "Bueno, listoooo, quedamos así entoncessss" (ella).


3) "Yo en el baño hago lo que se me canta, ¿entendés, nena?" (pasajero). "Bueno, por lo menos ya sabremos de quién es el olor" (ella, con risas inevitables del resto).


4) Bueno, acá el tema de las valijas hizo que hasta los más educados putearan en coro apretado y ella respondiera por encima de las voces del resto.

Increíblemente, la discusión se apagó de golpe, como por arte de magia, cuando el fercho encendió la tele y puso la peli. ¿Reflejo condicionado como los animales? Y sí, son años al volante.

Uuuuy, perdón, me fui al carajo con el espacio y me quedó el resto del viaje.

Pepe Argento

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Actualizado ( Sábado, 14 de Febrero de 2009 03:04 )  

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